martes, 8 de septiembre de 2015

Cosas que ocurren en momentos extraños donde no ocurre lo que debería ocurrir (improvisación)

El leve siseo del viento que deslizaba las hojas por la tarde, se había convertido, sin previo aviso, en un aullido feroz que hacía retorcerse cualquier cosa dentro de la casa. A pesar de haber intentado cerrarla firmemente, con el esfuerzo de todos, la lluvia parecía colarse por algún rincón. Quizá la casa era demasiado antigua para aguantar tal temporal o quizá es que el tifón era tan caprichoso que, no contento con arrasar con todo lo que alcanzaba, también quiso molestarnos desde dentro, desde nuestro hogar. Desde lo más profundo de mi corazón pienso que aquel tifón solo era un ser orgulloso que no pretendía hacer daño alguno, sino más bien mostrar su entereza. De todas formas era peligroso, lo más inteligente fue cerrarlo todo herméticamente, mejor dicho, cerrarlo todo como buenamente pudimos. Las primeras ráfagas de viento arrastraron con todos los papeles de mi escritorio; había sido tan atento de encargarme de asegurar toda la vivienda, pero irónicamente, olvidé mi habitación. Lcontraba entreabierto sobre el escritorio.
No paraba de escuchar golpes y eso me atoa ventana estaba abierta de par en par y a pesar de que algunos importantes escritos se desordenaran, no pude evitar liberar una lacónica sonrisa. Dicen que las personas, en situaciones excéntricas, tendemos a proteger lo que más nos importaba... Tampoco es que aquella situación fuera extrema, pero observar cómo me había descuidado del lugar donde pasaba la mayor parte del tiempo, me hacía darme cuenta de lo abstraído que estaba mi pensamiento del mundo físico... Suspiré, me relajé un poco y comencé a ordenar todos los escritos que había sobre el suelo y a secar algún libro mojado, más bien, húmedo, tampoco es que me causara gran pesar, de hecho eran árboles, persianas, algún toldo, pequeños objetos arrastrados... pero el hecho de escuchar todos esos móviles chocando entre sí, me inquietaba. Sabía que leer no me iba a calmar en absoluto, necesitaba algo que pudiera sanar mi alma, la mejor idea era algo de música relajante. No es por degradar mi persona, pero soy bastante despistado. Comencé a buscar primero los auriculares, que se encontraban desordenadamente ordenados, es decir, siempre acababan en algún sitio aleatorio de mi habitación, que con el paso de tiempo formaron a pasar parte de ser sitios estratégicos; no sé si es costumbra subconsciente o suerte, pero había un par de sitios que al revisar podría encontrar allí los cables enmarañados entre sí. Encontrar mi móvil sí que iba a ser difícil. No estaba por ningún lado. Comencé a impacientarme, por el ruido, la tormenta y sobretodo por mi impaciencia natural. No sabría diferenciar entre impaciencia y nervios, pero siempre he querido que son hermanos fieles de esos que siempre van juntos de la mano. Mientras buscaba frenética y torpemente, escuché un estruendo, seguido de un grito y la luz se fue. Algo curioso es que decimos ''se va la luz'' pero en realidad se va la luz, el calor, la centrifugación de la lavadora y la refrigeración de la nevera... Pero seguimos diciendo ''se ha ido la luz''. ¿Por qué lo hacemos? Parte por herencia cultural y parte porque lo primero de lo que nos percatamos es de que la luz se ha ido, literalmente, aunque más bien diría que se la han llevado. Independientemente de esta reflexión, lo primero que hice fue asustarme y lo segundo fue asustarme más porque escuché un grito dentro de casa. No hay nada que pueda descolocarme más que los chillidos. Hay algo que se remueve en mí cuando ocurren, cada vez que los escucho mi corazón se estremece, mis mente se queda en blanco y mis piernas se paralizan totalmente. Eso es una historia que contaré otro día. Cuando pude reaccionar comencé a recorrer toda la casa intentando no tropezar y gritando ''¿qué ocurre?'' Por suerte o por desgracia, aquel día había invitados en casa y gracias a ello fui habitación por habitación recogiendo gente, como si del flautista de Amelín tratase. Todos tenían miedo y estaban desconcertados y se sentían reconfortados al ver que alguien iba a buscarlos. No soy alguien especialmente valiente, pero siempre actúo cuando debo actuar. Digamos que no soy valiente por voluntad, si no por naturaleza -he de reconocer que no es una valentía por la que me sienta orgulloso, siempre es algo que venía incluido en mi ADN o algo así-. Por fin encontramos el foco del problema. Fue... llamémosle Ella. En la habitación de Ella, debido al cortocircuito, no solo se había ido la luz, si no que también había estallado una bombilla y por eso la conmoción había sido mayor. Por añadido, la bombilla no era una bombilla normal, había cristales por todo el suelo. Más tarde descubrí que no había estallado una, si no que en realidad fueron tres ya que la lámpara tenía varias. De cualquier forma, aprovechando que la habitación era muy grande, encendimos una vela, la colocamos encima de una mesita y así todos juntos estarían más tranquilos sientiéndose seguros. Debido a la conmoción general, tuve que encargarme del destrozo, tuve que limpiar los cristales, preparar la vela, acercar la mesita de otra habitación... Fue una ocasión especial que por suerte no se repitió, no es que me guste especialmente trabajar. Salía y entraba en la habitación, pero en una de las ocasiones me corté la mano, así que iba a tardar más. Mientras limpiaba y curaba mi herida en el baño, comencé a escuchar una melodía. Al poco tiempo me di cuenta de que era la lira de Ella. Al comienzo se escuchaba desde la lejanía, pero conforme me iba acercando a la habitación, la música se engullía toda la oscuridad de su alrededor. Aquella melodía emanaba un aura que destruía los estruendos, los aullidos del viento, los golpes, la lluvia arremetiendo ferozmente contra el suelo... Cuando abrí la puerta para entrar en la habitación, nadie me observó, nadie notó mi presencia siquiera. Por un momento permanecí de pie en la habitación, observando el sombreado rostro de todos los espectadores, deformados por el ir y venir de la llama de la vela. Todos la observaban abstraídos y decidí unirme...
¿Sabes esos momentos pequeños en los que ocurre algo grande? Ese momento fue muy grande, su música nos acogió a todos, fue más exhortativa que mi valentía anterior y mi ímpetu por que todo estuviese tranquilo. Me había robado mi pequeño momento de protagonismo. Aquel día me di cuenta de lo poderosas que pueden llegar a ser las mujeres, créeme, son de temer. Al comienzo no quise prestar demasiada atención, porque, celoso, joven e inmaduro como era por aquel entonces, no me podía permitir aquella humillación. Pero no hicieron falta más de treinta segundos para tenerme allí embelesado, viendo como sus finos dedos se deslizaban por las cuerdas... En fin, me tenía en el bote y así me tuvo durante más de treinta años porque me robó, robó mi persona y no me soltará hasta que la muerte nos separe, o eso dicen.



Espero que os haya gustado. Este texto es una improvisación. Básicamente me siento delante del ordenador, en un momento de lucidez, y creo una historia a partir de una premisa que se me ocurre al momento. Dejo que todo se vaya construyendo sobre la marcha, por eso es un poco... ¿diferente? En fin, a veces hace falta salir de los esquemas, de los guiones y dejar que nada salga como lo habías planeado -incluso no planear nada-.

viernes, 28 de agosto de 2015

La muerte de Dios

El genio se sentó en su escritorio, iluminado por la tenue luz de un foco al que debía haber cambiado la bombilla hacía ya mucho tiempo, pero nunca lo hizo. Comenzó a escribir vivazmente, ya tenía las ideas en su cabeza, las había estado trabajando toda lo noche, solo quedaba plasmarlas en el papel y dejar fluir su imaginación al compás de su muñeca.
''La muerte de Dios''
''La muerte de la moral colectiva''
''La muerte del bien y del mal''
''La muerte de la libertad''
''La muerte de...''

Los rayos de sol ya comenzaban a colarse a través de la fina tela de esa cortina que tanto odiaba. Se tumbó sobre la cama con una sonrisa en su rostro. Esta vez podría dormir. Ya no tenía nada más que matar, pero no se daba cuenta de que solo se mataba a sí mismo.

sábado, 15 de agosto de 2015

To the end

Hay momentos en la vida de una mujer que tiene que dejarlo todo y marcharse, sin mirar atrás, sin titubear. ¿Por qué? Cada cual tiene sus razones, pero pedirlas es absurdo, es algo que simplemente ocurre. Son como un ave migratoria, parte de un lugar a otro buscando un mejor cobijo, otro sitio donde empezar de nuevo. ¿Y yo? Yo no tengo nada que ver con eso, yo parto porque he de hacerlo, porque hay algo que me lo exige. Ya no existe lugar donde pueda volver a comenzar, yo más bien voy a buscar un final, un sitio donde esta historia acabe.... ¿Dónde comienza este final? En un lugar lejano, en uno de esos páramos donde mi vista puede divagar y ver un cielo anaranjado siendo consumido por el atardecer, un viento que corretea libre y danza alrededor de mi cabello y desplaza pequeños granitos de arena por la punta de mi nariz y el siseo del viento que más bien parece un ahogado aullido, un grito de auxilio en este apartado lugar. Exhalo el aire con lentitud, dedicando mi tiempo para apreciar como el aire recorre mis fosas nasales, creo que nunca antes me había sentido tan ligera. Ya no hay vuelta atrás, desde luego que no, este es un desafío entre el tiempo y yo. El calor se vuelve sofocante, tengo la sensación de que mi piel está ardiendo constantemente. Sigo andando paralelamente a la carretera desolada, en un momento repentino mi vista comienza a nublarse, noto como si mis piernas se desvanecieran, mi corazón comienza a acelerarse. Busco en mis bolsillos pero no me quedan pastillas. Mi cuerpo no va a aguantar mucho tiempo estas duras condiciones. Compruebo que mi pantalón está lo suficiente apretado y ato mi camisa a la altura de mi ombligo… Pero creo que no va a ser suficiente, deshago el nudo y lo vuelvo a hacer a la altura de la parte inferior de mis pechos. Me suelto el pelo y comienzo a andar hacia la carretera. A lo lejos veo un camión aproximarse. Fuerzo una sonrisa y alzo mi mano. Él se acerca y baja la ventanilla.

-Oh, ¿qué se la podido perder a una chica tan joven en estas carreteras?
-Iba con unos amigos de viaje pero hemos discutido y… -comienzo a sollozar.
-Lo siento, he sido un desconsiderado. ¿Vas en dirección a Meltdown?
-Sí, ¿te importaría llevarme?
-No, claro que no.

El hombre tiene una barba descuidada y el pelo despeinado, probablemente lleve mucho tiempo conduciendo. Por la radio suena country rock de los sesenta. El lugar desprende un olor ácido a cerveza, quizá ver cómo bebe despreocupadamente de esa lata ha hecho acentuar esa sensación. Antes de que pueda entrar, despeja el asiento de copiloto, tenía algunos trastos. Por lo que puedo observar no está acostumbrado a viajar con alguien o por lo menos no lo tenía previsto hacer en mucho tiempo. Me siento y comienzo a cerrar la puerta, no sin antes echar un vistazo de reojo hacia él, no pierde el tiempo, me ha dirigido una mirada rápida y acechante a todo el cuerpo, se podría decir que su técnica está muy pulida aunque es un poco descuidada.


-¿Alguna vez has subido a un camión?
-No, almenos que pueda recordar. Pero si no recuerdo mal, mi abuelo era camionero y a veces mis padres hacían algunos viajes en su camión… Ya sabes, viajes de jóvenes enamorados y esas cosas.
-Les puedo entender, no te puedes imaginar lo que es viajar durante tiempo solo, lo mejor es cuando llegas a un bar de carretera y te paras a comentar el viaje con otros conductores. ¡No hay dos días iguales en la vida de un camionero!


El ruido del motor de este trasto es impresionante, cuando lo ves desde fuera impresiona, pero dentro es una sensación totalmente diferente, a pesar del temblor y el ruido del motor te sientes muy tranquilo, hay que reconocer que a pesar de no ser música que escucharía en mi habitación, el country rock es perfecto para esta situación.
El viaje sigue su curso, ambos continuamos hablando de cosas sin importancia. La gran mayoría del tiempo me dedico a mirar por la ventanilla, casi con la cabeza fuera del automóvil, desde siempre me ha encantado el paisaje de las carreteras, aunque sea de una ciudad, es algo que me gusta hacer, que cada detalle se quede grabado en mi mente. Siempre he pensado que si pudiese pintar bien, desde luego los paisajes serían mi punto fuerte.

-¡Mira, un lago! Es impresionante.
-Jajaja, he visto miles como esos. ¿Quieres que paremos un rato? También tengo que ir a comprar un par de cosas y no te vendría mal refrescarte un poco.
-Sí, me encantaría.

Ambos nos bajamos del camión

-¿Quieres algo? ¿Te hacen unas cervezas?
-Sí, la verdad es que algo frío me vendría de perlas. Creo que preferiría agua, ya sabes, temas de edad y eso…
-¿Eres menor de edad? No me lo creo.
-Tengo diecisiete años.
-Bah, yo ya conducía a esa edad, no te preocupes.

Me acerco al lago, el agua está sorprendentemente limpia. Me quito los zapatos y los guantes -he de confesar algo, llevan plataforma para aparentar más altura- y introduzco los pies lentamente. El agua está congelada, justo lo que necesito. Aprovechando que llevo pantalones cortos me introduzco hasta que la superficie me baña la parte superior de las rodillas. Ahora que la parte inferior de mi cuerpo está tan fresquita me dan ganas de de zambullirme entera, pero por desgracia no tengo muda de ropa y no sería buena idea ir empapada todo el viaje. Me mojo el rostro, los brazos y el cuello, sin duda no puede haber mejor sensación. A pesar de estar refrescándome, sigo manteniendo un ojo en los pasos de mi acompañante, ha salido de la tienda con unas bolsas en la mano y ha entrado en el camión, al salir lleva dos cervezas, una abierta y otra sin abrir. Me dispongo a salir para reencontrarme con él en la carretera. Cuando salgo me siento en una roca y comienzo a ponerme de nuevo los zapatos. Mientras me los coloco, noto una sensación fría en la espalda.

-¡Mira lo frías que están! -dice mientras roza la lata con mi piel.
-Dios mío, tienes razón. -me giro para coger la lata pero él adelanta una sin darme opción a elegir.
-Es una buena marca, una de estas que solo los camioneros son capaces de experimentar. Vamos, pruébala, ¿es tu primera vez?
-No, que va. Creo que todos cuando somos jóvenes nos hemos saltado alguna regla que otra ,¿no? -digo mientras le doy un trago y sonrío. Él me devuelve la sonrira.
-Bueno, volvamos al camión que todavía queda un largo camino, dentro de poco comenzará a oscurecer

El camino a partir de este momento ha sido más relajado, la música está muy tenue y apenas hemos hablado. Ya está empezando a oscurecer y mis párpados comienzan a pasarme factura, hace mucho tiempo que no duermo.

-De verdad, no puedo entender cómo tus amigos han podido dejar tirada a una chica tan guapa, es una lástima.
-Vamos, no exageres. ¿Cuál es tu nombre? -digo con voz risueña
-Carl.
-Pues muchas gracias Carl, no sé qué habría sido de mí sin ti -se limita a esbozar una leve sonrisa.

Alargo la mano para bajar un poco la música de la radio y nuestras manos chocan, al parecer él había tomado la misma decisión.

-Oh, disculpa. ¿Te importa si la bajo? -no hay respuesta.

El sonido de la radio, el viento que entra por la ventanilla, todo parece ayudar a que me entre el sueño. Cierro los ojos y los mantengo de esta forma un buen rato. De repente noto como algo se desliza lentamente por mi pierna. Comienza acariciando mi muslo y se va deslizando hacia la zona de la ingle. Hago unos movimientos vagos y esbozo una leve sonrisa, haciéndole ver que estoy en el letargo de un profundo sueño, esperando pacientemente. Espero hasta que noto que el camión se ha detenido, entonces deslizo lentamente la mano por la parte trasera de mi pantalón, cuando lo tengo agarrado fuertemente hago un movimiento brusco y apunto a su cabeza. Él se sobresalta y da un pequeño salto.

-¡Mierda , no dispares!
-¡Pon las manos en la cabeza!
-No me jodas, ¿eres una poli?
-Para tu desgracia, no, no lo soy.

Alargo mi mano en la parte trasera hasta que comienzo a palpar la bolsa que había traído antes cuando había comprado las cervezas. Hay cerveza, preservativos, toallitas húmedas y unas pastillas. No me hace falta comprobar cuáles son, mi astucia me permite saber que son una clase de somnífero o algo que actúe como tal.

-¿De verdad te pensabas que me iba a tragar un truco tan básico como ese? Comienza conducir.
-En serio, no sé que pretendes, pero sal de mi camión ahora mismo.
-¿Me estás tomando el pelo? Has sido tú el que ha intentado violarme mientras dormía.
-¿En serio te crees que voy a hacer caso a una niña? -hace un movimiento brusco pero antes de que pueda alcanzarme, le disparo en la palma de la mano.
-¡Ah, joder, estás loca!
-La próxima vez que tenga que dar una advertencia tu cabeza estará agujereada.
-Vale, tranquila, te llevo hasta donde quieras, puedes quedarte con todo lo que quieras, pero por favor, no me mates.
-Tú conduce, yo soy quien toma las decisiones. De momento tapona esa herida y que no sangre demasiado. ¿Tienes muda de ropa, no? -digo mientras cojo el casquillo de la bala que le ha atravesado.

Un viaje tan largo teniendo que apuntar a alguien constantemente es bastante cansado. El dolor de brazos que tengo es insoportable. No sé cuántas horas llevo así, pero desde luego que mañana no voy a poder mover los brazos ni un poco. Es una lástima tener que hacerlo de esta forma, de alguna forma me siento culpable, nada más subirme a este trasto sabía que esto iba a acabar así, quizá si me hubiese mostrado más arisca él no habría intentado… En fin, se lo tiene merecido. No me puedo imaginar lo que le hubiese ocurrido a otra mujer que no hubiese sido yo…

-Escúchame, llevamos muchísimas horas conduciendo.
-Nadie te ha preguntado -digo y muevo el arma apuntando más firmemente a su cabeza.
-No, no. De verdad, necesitamos repostar o nos quedaremos tirados a mitad del camino y ninguno de los dos queremos eso.
-Vale, pararemos en la siguiente gasolinera, pero debes cumplir las siguientes condiciones. Vamos ambos, ni una sola seña, siempre quiero ver tu rostro, nada de ir al baño y vas a comprar un antifaz y una pequeña navaja. No quiero preguntas.

De esta forma, ya con el sol sobre nuestras cabezas, nos detenemos en la primera gasolinera que encontramos. Él comienza a buscar todo lo que le he pedido. Luego va a llenar el depósito. Mientras él realiza la tarea, miro fijamente al dependiente y comienzo a gesticular con el rostro horrorizado. Él se percata, lo sé por el cambio de las facciones de su cara. Veo como desde la cabina comienza a llamar por teléfono. Cuando comenzamos a retomar el camino me asomo y veo cómo está apuntando algo en una libreta.

-Vale, desde ahora quiero vayas a toda velocidad. Tenemos menos de quince minutos para llegar a nuestro objetivo.

Cuando llegamos detiene el camión.

-Vale, hasta aquí podemos llegar, ya estamos en la ciudad.
-Perfecto, ahora ponte el antifaz.
-¿Qué me vas ha hacer?
-Nada peor de lo que tu pretendías en un primer momento. Rápido, no hay tiempo que perder.

Se coloca el antifaz y comienzo a actuar rápido. Primero tomo su cartera y me llevo todo el dinero que había dentro, dejando un poco. Cojo el cuchillo que ha comprado, me hago un corte bastante profundo en la muñeca y dejo caer mi sangre sobre alguna zonas. Al final presiono la herida hasta que deja de sangrar y la vendo.

-Escúchame, vas a estar dos minutos con el antifaz, si no lo haces te vuelo la cabeza, ¡lo juro! -digo apoyando el cañón en su sien.
-¡Tranquila, haré todo lo que me digas!

Tengo poco tiempo, es una ciudad bastante pequeña y está anocheciendo, el tren dejará de pasar en breves. Me bajo silenciosamente y comienzo a correr buscando la estación. No pasan ni cinco minutos cuando encuentro la estación, compro mi billete y por suerte el tren está a punto de partir. Hoy es mi día de suerte, sin duda. Cuando me siento dentro del tren, me dejo caer y noto el dolor sobre mis hombros… Demonios, ha sido un viaje demasiado duro. El tren comienza a moverse y miro por la ventana, ya es tradición. Por fin mis párpados pueden caer, se sienten tremendamente pesados. No puedo evitar esbozar una sonrisa, antes de caer profundamente dormida, al ver las luces rojas y azules de los coches de la policía. Creo que nunca antes me habían parecido tan bellas esas luces…

Notas de autor: En un futuro habrá nuevas noticias sobre ''To the end''. Espero que lo hayas disfrutado .



martes, 11 de agosto de 2015

Sexo, drogas y alcohol. El nacimiento de un superhéroe.

Era un día soleado, para mi gusto, demasiado. Por suerte o por desgracia ya se acercaba el final del verano.  Aún así eso no suponía una gran noticia para mí, que seguía manteniendo esa gota gorda de sudor que usaba mi frente como tobogán. En fin, había elegido la peor mañana para salir a dar una vuelta, pero lo hecho, hecho está y no había cabida para el arrepentimiento.
Necesitaba una excusa, algo que me mantuviera distraído y allí estaba mi musa, la elegida, la enviada por por dioses... DEBÍA SER ELLA Y NO OTRA. Era mi última esperanza de poder darle a mi mente algún estímulo que consiguiese disuadirla lo suficiente para no pensar en el calor, el pelo pegado al cuello y esa sensación de sed insaciable... Con el pelo recogido con una coleta, mascando un chicle de forma muy poco sutil, con una camisa que probablemente la compró hace 3 años o se había equivocado de talla, ella me saludó a vocerío limpio y agitando los brazos como un pollo sin cabeza. No ha sido un buen símil ya que los pollos no tienen brazos y no los agitarían más si no tuviesen cabeza... En fin, la cuestión es que nuestras miradas ya se habían unido y su atención recaía fielmente en mí. Era el momento.
-¡Hola, cuánto tiempo! .
-Síííí, no te veía desde que acabaron las clases -dijo mientras me abrazaba efusivamente -¿Cómo estás?
-Bueno, sobreviviendo, como de costumbre. ¿Cómo te ha ido el verano?
-Buah, ha sido todo sexo, drogas y alcohol. Me he liado con un montón de pavos este verano, ha sido el mejor verano de mi vida. En mi pueblo no parábamos de beber y fumar porros todo el día [...]

Algo extraño estaba pasando, era algo inusual, algo que solamente ocurre una vez cada tres mil años.  Las estrellas se habían alineado, el calor había fundido mi percepción, todas las células de mi cuerpo estaban agitadas... Se avecinaba algo sin precedentes, algo que iba a cambiar el destino de la humanidad... Cuando me di cuenta estaba sólo, sí, sólo. En la soledad más absoluta y abrumadora. No sabía cuánto tiempo había pasado , qué había ocurrido o cómo había podido ocurrir eso. La cuestión es que ella ya no estaba. Sí, me había convertido en un superhéroe. No sólo había vencido a las temperaturas, si no también a mi propia mente y lo más importante... HABÍA SOBREVIVIDO A ESE DISCURSO. Sí, joder, lo había conseguido. Un superpoder había nacido en mí, el superpoder de ignorar a la gente cuando me van a decir algo estúpido.
Como ya no quedaba nada que hacer  simplemente me fui a casa con una sonrisa. Quién iba a decir que soy un superhéroe...

jueves, 16 de julio de 2015

Un silencio triple

Cómo ya lo había leído en El Nombre del Viento, aquel silencio era triple. Quizá habría sido mejor decir que en realidad trataba de tres silencios convergentes, pero de alguna manera, él estaba seguro de que el silencio no era uno, si no tres. 
Por una parte estaba el silencio que sellaban sus labios con tal ímpetu que daba miedo interrumpirlo; no por esta razón era un silencio tenebroso, más bien era liviano, un silencio pasajero que se había colado por la ventana de alguna casa. Incomodaba un poco y a su vez acompañaba el momento. 
El segundo silencio era un poco inquietante. Era un silencio acompañado por sus miradas, un silencio inesperado y acechante. Por alguna razón él no podía dejar de sentirse intimidado por aquel silencio tan sombrío; pero no te equivoques, era tan perturbador como natural. Era el silencio típico de una noche estrellada, de un mar calmado, de una noche serena como en la que ellos se encontraban.
El tercer silencio nunca llegó a comprender de dónde procedía. Era tan misterioso como un secreto; sí, era un secreto. Era un silencio de corazón, uno de esos que se cuela en tus adentros y hace que te sientas silencioso, insignificante y enamorado. Era un silencio que acompañaba sus ojos, a la nostalgia por recordarla y su pecho; era un silencio del corazón. Ese silencio estaba aquella noche, él no sabía dónde pero su corazón sí que lo sabía, y muy bien además. 
Lo que él nunca llegó a saber es que existía un cuarto silencio. Este fue el que la hacía única. Esta fue la razón del por qué él estaba tan enamorado de ella. Esta fue la razón del por qué él pudo sentir vació su corazón, después de haber estado tanto tiempo sin ella y los tres silencios. Él amaba el silencio de ella y a ella le gustaba hacer mucho ruido; demasiado para el silencio.

viernes, 26 de junio de 2015

¿Cuánto cuesta escribir un poema?

¿Cuánto cuesta escribir un poema?
Se pregunta el preso que cumple condena.
¿Horas, semanas, quizás unos días?
Menuda tontería, perdonad que me ría.

¿Cuánto cuesta encajar cada frase?
Rimar cada verso,
que no se me pase.
Conseguir de esta forma un poema tergiverso
y usar palabras cultas aunque el ritmo colapse.

''Escribir poesía es algo muy fácil''
es un trabajo sencillo, no te mantiene en vilo;
solo lees un autor y copias su estilo
cayendo en la pedantería de un verso poco grácil.

''¿Qué importa la poesía?'' Te estarás preguntando,
 a nadie le importa, es algo del pasado.
Son textos aburridos y pedantes
más pesados que el barrito de cien elefantes.

El preso vuelve a repetir la canción
con esta frase digna de sanción:
Escribir poesía es algo muy fácil,
voy a demostrar que este arte es bien frágil.

Más dejémonos de habladurías
las palabras son propias de la gente fría.
Para argumentar en las pruebas me baso
y este texto es la gota que colmará el vaso.

Y sí, este texto es una poesía.
¿Te has dado cuenta? Quién lo diría..
Carente de sentimiento aunque no debería,
pero desde el principio esto ya se veía.

¿Cuánto cuesta escribir poesía? Pregunto.
Perdona insistir, me interesa el asunto.
¿Crear un verso eterno del que nadie se olvida
y que toda mi ira sea comprendida?

¿Cuánto cuesta escribir un poema?
¿Cuánto cuesta escribir un verso del que nadie se olvida?



sábado, 6 de junio de 2015

Los fantasmas del pasado.

Sí, debía caer. Estoy seguro de que debía hacerlo.
Con miedo, eso sí, con terror por hallar aquello que repudiaba.
Debí estamparme en el fondo, sentir esa oscuridad,
esa sensación de aislamiento... Ese temor a estar en lo más bajo.
Fue un momento lúgubre y estrambótico.
Claro que tuve que derramar lágrimas.
Claro que tuve que sentirme vulnerable.
Pero allí me pude quitar mi máscara porque nadie me veía. 
Y de tanto en tanto miraba hacia arriba con nostalgia,
esperando que ese pequeñito rayo de luz me tendiera su mano.
Nunca llegué a alcanzarlo.
¿Pero sabes qué? Debía caer.
¿Por qué?
Porque allí me encontré a mí mismo. 
Muchos se quedaron en unos peldaños más arriba,
tan arriba que ya ni siquiera pude ver sus rostros.
Pocos se quedaron conmigo. Muy pocos...
Eso sí, algunos me tendieron su mano para ascender,
para liberarme de la oscuridad sempiterna que me inundaba.
Pero no, yo creo que estoy bien aquí. Este es mi lugar. 
Soy consciente de que nadie va a querer bajar aquí.
Nadie va a querer sentir esta humedad incesante,
esas sombras que amenazan con lapidar tu cuerpo,
esas miradas de desprecio que llegan desde la superficie...
Y sinceramente no me gusta estar aquí,
pero tampoco me arrepiento.
Son sentimientos que se contrarian pero...
Me he encontrado.
¿Y sabes qué?
Me encanto.
Aunque ello suponga perderlo todo.
Aunque ello suponga quedarme en estas tinieblas eternamente.
Aunque ello suponga padecer soledad eterna.
Aunque me deslumbren,
Aunque derrame lágrimas.
Aunque todo se aleje y yo me quede aquí estancado.
Me encanto. Y tú podrías encantarme también.
Pero estás ocupado creyendo que soy mi sombra.
Quizá si me preguntaras te diría que yo ya estoy muerto;
con lágrimas en los ojos y el corazón abierto. 
Y mis fantasmas del pasado me atormentan,
pero no voy a sucumbir.
Porque volver a mi pasado supondría perderme a mí mismo.
Y me encanto.