jueves, 31 de diciembre de 2015

Yo were there

¿De qué te sorprendes si estuviste ahí?
Viste amanecer esas flores junto mí, en este mi jardín.
Viste germinar el sol, mi mundo crecer.
¿Crees que este castigo no debo merecer?
Si tú estuviste ahí cuando el fuego dejó de quemar,
cuando el dolor murió y al fin dejé de gritar.
Cuando, en pena, mi musa dejó de aparecer.
Cuando abril junto a mi ventana comenzó a oscurecer.

¿Por qué lloras por mi muerte si tú estuviste ahí?
No detengas tu llanto, no lo veo menester,
mas ciego soy y si de algo he de carecer
que sea de visión y no de capacidad de ser.

¿Por qué estuviste ahí?
Sigo preguntándome cada noche cuando
en luna llena vuelve mi capacidad de sentir,
y que sea así mientras recuerdes los versos que escribí.
Mientras nuestro sea el mundo
y el destino tenebroso por el que me perdí.
Porque este existencia mía te pertenece mientras así lo desees,
mientras así lo desee, mientras así te desee.
Mientras siga así esta rabia que me posee.

Y si he de gritar, por favor, escúchame
Si he de llorar, consuélame.
Si he de amar, desvélame
y hazme ver el lúgubre acontecer,
de mis tinieblas, desátame.

Y si he de morir, mátame.
Si he de morir, recuérdame.
Si he de morir, ámame,
porque sé que estarás
y dueño de ti soy.
Dueño de este eterno compás que me consuela.
Dueño de esta eterna canción
que en manos arde y en corazón vuela.

Porque tú estuviste ahí y esa fue la única razón por la que no me perdí. Por eso te amo.

Promesas Banales

Promesas banales danzan, por algún lugar extraño,
donde no han sido invitadas hoy, mañana y ni siquiera antaño.
Promesas banales bellas, de puro estaño envenenan,
con una amargura tan dulce y mordaz que hasta lágrimas queman.



Promesas banales sueñan, vuelan y en tus ojos se estrellan,
como las estrellas que brillan y brillan hasta que en la noche estallan.
Promesas banales son buenas, malas, reveldes; pero nunca fallan.
Promesas banales danzan.
Promesas banales cantan.
Promesas banales se ríen y lloran y muerden hasta que te matan.



Cuidado chiquilla, cierra tu ventana que no entren promesas banales,
que corren, vuelan, chillan y chillan y van cargadas de males.
Cuídate bien, cierra tu ventana, ya llegan las tempestades.
Promesas banales que caen de los ojos y se cuelan por tus retales.

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Tiempo.

Pretérito imperfecto. Presente simple. Futuro perfecto.

Un pasado  imperfecto, pero a pesar de ello no puede cambiar, es algo inevitable; un yugo con el que debemos cargar hasta que nuestro cuerpo caiga rendido bajo tierra.
Esos fríos recuerdos que llenan nuestros ojos de impotencia y rabia, pero también enternecen el corazón, esos que se cuelan lacónicamente a través del fino cristal de la ventana, esquivando los malos momentos, y más níveos que los copos que los miran recelosos, llegan hasta tus manos. Entre el marfil, y como si de un milagro tratase, tocas esa melodía que ya ni siquiera recordabas.
El pasado es imperfecto como la vida y fruto de esa imperfección es esa sonrisa con la que le cuentas tus viejas historias, mientras él, fruto de tu vientre, te mira con los ojos centelleantes propios del niño que un día fuiste.


Un presente tan simple como la vida misma, como estar mirando el paisaje cambiante a través de la ventanilla de un autobús cuyo recorrido has hecho miles de veces. Tan simple como sentarte cada mañana en la silla de tu escritorio, tomando un café, esperando a que llegue la hora en la que tengas que partir a hacer la misma función de cada día. Como si fueras un autómata, un ser diseñado para trabajar, incapaz de distinguir entre los casi imperceptibles cambios que sufren los hilos del destino, llevando a todo el mundo por un camino sumamente enigmático. Aunque nadie se da cuenta de cuan grande pueden ser esas pequeñas acciones y cómo cada simple acción, como el respirar, crea una pequeña brisa que mueve apenas unos grados el timón de este, nuestro barco.


Un futuro tan perfecto como efímero, un pensamiento cambiante y trascendental que se encarga de variar conforme maduras. Promesas que acaban convirtiéndose en mentiras olvidadas que se las lleva los vientos de abril junto a mi ventana. Esas monedas que se tiran en una fuente y allí se quedan hasta que alguien los recoja. ¿Dónde están esos sueños que te arropaban cada noche?
Hasta que entre tañer de campanas y envuelta en retales blancos, te das cuenta de que el futuro es incierto, salvaje e indomable; y ese futuro perfecto que te enseñaron en la escuela no es más que el sueño gramatical de un pasado frustrado.

viernes, 28 de agosto de 2015

La muerte de Dios

El genio se sentó en su escritorio, iluminado por la tenue luz de un foco al que debía haber cambiado la bombilla hacía ya mucho tiempo, pero nunca lo hizo. Comenzó a escribir vivazmente, ya tenía las ideas en su cabeza, las había estado trabajando toda lo noche, solo quedaba plasmarlas en el papel y dejar fluir su imaginación al compás de su muñeca.
''La muerte de Dios''
''La muerte de la moral colectiva''
''La muerte del bien y del mal''
''La muerte de la libertad''
''La muerte de...''

Los rayos de sol ya comenzaban a colarse a través de la fina tela de esa cortina que tanto odiaba. Se tumbó sobre la cama con una sonrisa en su rostro. Esta vez podría dormir. Ya no tenía nada más que matar, pero no se daba cuenta de que solo se mataba a sí mismo.

sábado, 15 de agosto de 2015

To the end

Hay momentos en la vida de una mujer que tiene que dejarlo todo y marcharse, sin mirar atrás, sin titubear. ¿Por qué? Cada cual tiene sus razones, pero pedirlas es absurdo, es algo que simplemente ocurre. Son como un ave migratoria, parte de un lugar a otro buscando un mejor cobijo, otro sitio donde empezar de nuevo. ¿Y yo? Yo no tengo nada que ver con eso, yo parto porque he de hacerlo, porque hay algo que me lo exige. Ya no existe lugar donde pueda volver a comenzar, yo más bien voy a buscar un final, un sitio donde esta historia acabe.... ¿Dónde comienza este final? En un lugar lejano, en uno de esos páramos donde mi vista puede divagar y ver un cielo anaranjado siendo consumido por el atardecer, un viento que corretea libre y danza alrededor de mi cabello y desplaza pequeños granitos de arena por la punta de mi nariz y el siseo del viento que más bien parece un ahogado aullido, un grito de auxilio en este apartado lugar. Exhalo el aire con lentitud, dedicando mi tiempo para apreciar como el aire recorre mis fosas nasales, creo que nunca antes me había sentido tan ligera. Ya no hay vuelta atrás, desde luego que no, este es un desafío entre el tiempo y yo. El calor se vuelve sofocante, tengo la sensación de que mi piel está ardiendo constantemente. Sigo andando paralelamente a la carretera desolada, en un momento repentino mi vista comienza a nublarse, noto como si mis piernas se desvanecieran, mi corazón comienza a acelerarse. Busco en mis bolsillos pero no me quedan pastillas. Mi cuerpo no va a aguantar mucho tiempo estas duras condiciones. Compruebo que mi pantalón está lo suficiente apretado y ato mi camisa a la altura de mi ombligo… Pero creo que no va a ser suficiente, deshago el nudo y lo vuelvo a hacer a la altura de la parte inferior de mis pechos. Me suelto el pelo y comienzo a andar hacia la carretera. A lo lejos veo un camión aproximarse. Fuerzo una sonrisa y alzo mi mano. Él se acerca y baja la ventanilla.

-Oh, ¿qué se la podido perder a una chica tan joven en estas carreteras?
-Iba con unos amigos de viaje pero hemos discutido y… -comienzo a sollozar.
-Lo siento, he sido un desconsiderado. ¿Vas en dirección a Meltdown?
-Sí, ¿te importaría llevarme?
-No, claro que no.

El hombre tiene una barba descuidada y el pelo despeinado, probablemente lleve mucho tiempo conduciendo. Por la radio suena country rock de los sesenta. El lugar desprende un olor ácido a cerveza, quizá ver cómo bebe despreocupadamente de esa lata ha hecho acentuar esa sensación. Antes de que pueda entrar, despeja el asiento de copiloto, tenía algunos trastos. Por lo que puedo observar no está acostumbrado a viajar con alguien o por lo menos no lo tenía previsto hacer en mucho tiempo. Me siento y comienzo a cerrar la puerta, no sin antes echar un vistazo de reojo hacia él, no pierde el tiempo, me ha dirigido una mirada rápida y acechante a todo el cuerpo, se podría decir que su técnica está muy pulida aunque es un poco descuidada.


-¿Alguna vez has subido a un camión?
-No, almenos que pueda recordar. Pero si no recuerdo mal, mi abuelo era camionero y a veces mis padres hacían algunos viajes en su camión… Ya sabes, viajes de jóvenes enamorados y esas cosas.
-Les puedo entender, no te puedes imaginar lo que es viajar durante tiempo solo, lo mejor es cuando llegas a un bar de carretera y te paras a comentar el viaje con otros conductores. ¡No hay dos días iguales en la vida de un camionero!


El ruido del motor de este trasto es impresionante, cuando lo ves desde fuera impresiona, pero dentro es una sensación totalmente diferente, a pesar del temblor y el ruido del motor te sientes muy tranquilo, hay que reconocer que a pesar de no ser música que escucharía en mi habitación, el country rock es perfecto para esta situación.
El viaje sigue su curso, ambos continuamos hablando de cosas sin importancia. La gran mayoría del tiempo me dedico a mirar por la ventanilla, casi con la cabeza fuera del automóvil, desde siempre me ha encantado el paisaje de las carreteras, aunque sea de una ciudad, es algo que me gusta hacer, que cada detalle se quede grabado en mi mente. Siempre he pensado que si pudiese pintar bien, desde luego los paisajes serían mi punto fuerte.

-¡Mira, un lago! Es impresionante.
-Jajaja, he visto miles como esos. ¿Quieres que paremos un rato? También tengo que ir a comprar un par de cosas y no te vendría mal refrescarte un poco.
-Sí, me encantaría.

Ambos nos bajamos del camión

-¿Quieres algo? ¿Te hacen unas cervezas?
-Sí, la verdad es que algo frío me vendría de perlas. Creo que preferiría agua, ya sabes, temas de edad y eso…
-¿Eres menor de edad? No me lo creo.
-Tengo diecisiete años.
-Bah, yo ya conducía a esa edad, no te preocupes.

Me acerco al lago, el agua está sorprendentemente limpia. Me quito los zapatos y los guantes -he de confesar algo, llevan plataforma para aparentar más altura- y introduzco los pies lentamente. El agua está congelada, justo lo que necesito. Aprovechando que llevo pantalones cortos me introduzco hasta que la superficie me baña la parte superior de las rodillas. Ahora que la parte inferior de mi cuerpo está tan fresquita me dan ganas de de zambullirme entera, pero por desgracia no tengo muda de ropa y no sería buena idea ir empapada todo el viaje. Me mojo el rostro, los brazos y el cuello, sin duda no puede haber mejor sensación. A pesar de estar refrescándome, sigo manteniendo un ojo en los pasos de mi acompañante, ha salido de la tienda con unas bolsas en la mano y ha entrado en el camión, al salir lleva dos cervezas, una abierta y otra sin abrir. Me dispongo a salir para reencontrarme con él en la carretera. Cuando salgo me siento en una roca y comienzo a ponerme de nuevo los zapatos. Mientras me los coloco, noto una sensación fría en la espalda.

-¡Mira lo frías que están! -dice mientras roza la lata con mi piel.
-Dios mío, tienes razón. -me giro para coger la lata pero él adelanta una sin darme opción a elegir.
-Es una buena marca, una de estas que solo los camioneros son capaces de experimentar. Vamos, pruébala, ¿es tu primera vez?
-No, que va. Creo que todos cuando somos jóvenes nos hemos saltado alguna regla que otra ,¿no? -digo mientras le doy un trago y sonrío. Él me devuelve la sonrira.
-Bueno, volvamos al camión que todavía queda un largo camino, dentro de poco comenzará a oscurecer

El camino a partir de este momento ha sido más relajado, la música está muy tenue y apenas hemos hablado. Ya está empezando a oscurecer y mis párpados comienzan a pasarme factura, hace mucho tiempo que no duermo.

-De verdad, no puedo entender cómo tus amigos han podido dejar tirada a una chica tan guapa, es una lástima.
-Vamos, no exageres. ¿Cuál es tu nombre? -digo con voz risueña
-Carl.
-Pues muchas gracias Carl, no sé qué habría sido de mí sin ti -se limita a esbozar una leve sonrisa.

Alargo la mano para bajar un poco la música de la radio y nuestras manos chocan, al parecer él había tomado la misma decisión.

-Oh, disculpa. ¿Te importa si la bajo? -no hay respuesta.

El sonido de la radio, el viento que entra por la ventanilla, todo parece ayudar a que me entre el sueño. Cierro los ojos y los mantengo de esta forma un buen rato. De repente noto como algo se desliza lentamente por mi pierna. Comienza acariciando mi muslo y se va deslizando hacia la zona de la ingle. Hago unos movimientos vagos y esbozo una leve sonrisa, haciéndole ver que estoy en el letargo de un profundo sueño, esperando pacientemente. Espero hasta que noto que el camión se ha detenido, entonces deslizo lentamente la mano por la parte trasera de mi pantalón, cuando lo tengo agarrado fuertemente hago un movimiento brusco y apunto a su cabeza. Él se sobresalta y da un pequeño salto.

-¡Mierda , no dispares!
-¡Pon las manos en la cabeza!
-No me jodas, ¿eres una poli?
-Para tu desgracia, no, no lo soy.

Alargo mi mano en la parte trasera hasta que comienzo a palpar la bolsa que había traído antes cuando había comprado las cervezas. Hay cerveza, preservativos, toallitas húmedas y unas pastillas. No me hace falta comprobar cuáles son, mi astucia me permite saber que son una clase de somnífero o algo que actúe como tal.

-¿De verdad te pensabas que me iba a tragar un truco tan básico como ese? Comienza conducir.
-En serio, no sé que pretendes, pero sal de mi camión ahora mismo.
-¿Me estás tomando el pelo? Has sido tú el que ha intentado violarme mientras dormía.
-¿En serio te crees que voy a hacer caso a una niña? -hace un movimiento brusco pero antes de que pueda alcanzarme, le disparo en la palma de la mano.
-¡Ah, joder, estás loca!
-La próxima vez que tenga que dar una advertencia tu cabeza estará agujereada.
-Vale, tranquila, te llevo hasta donde quieras, puedes quedarte con todo lo que quieras, pero por favor, no me mates.
-Tú conduce, yo soy quien toma las decisiones. De momento tapona esa herida y que no sangre demasiado. ¿Tienes muda de ropa, no? -digo mientras cojo el casquillo de la bala que le ha atravesado.

Un viaje tan largo teniendo que apuntar a alguien constantemente es bastante cansado. El dolor de brazos que tengo es insoportable. No sé cuántas horas llevo así, pero desde luego que mañana no voy a poder mover los brazos ni un poco. Es una lástima tener que hacerlo de esta forma, de alguna forma me siento culpable, nada más subirme a este trasto sabía que esto iba a acabar así, quizá si me hubiese mostrado más arisca él no habría intentado… En fin, se lo tiene merecido. No me puedo imaginar lo que le hubiese ocurrido a otra mujer que no hubiese sido yo…

-Escúchame, llevamos muchísimas horas conduciendo.
-Nadie te ha preguntado -digo y muevo el arma apuntando más firmemente a su cabeza.
-No, no. De verdad, necesitamos repostar o nos quedaremos tirados a mitad del camino y ninguno de los dos queremos eso.
-Vale, pararemos en la siguiente gasolinera, pero debes cumplir las siguientes condiciones. Vamos ambos, ni una sola seña, siempre quiero ver tu rostro, nada de ir al baño y vas a comprar un antifaz y una pequeña navaja. No quiero preguntas.

De esta forma, ya con el sol sobre nuestras cabezas, nos detenemos en la primera gasolinera que encontramos. Él comienza a buscar todo lo que le he pedido. Luego va a llenar el depósito. Mientras él realiza la tarea, miro fijamente al dependiente y comienzo a gesticular con el rostro horrorizado. Él se percata, lo sé por el cambio de las facciones de su cara. Veo como desde la cabina comienza a llamar por teléfono. Cuando comenzamos a retomar el camino me asomo y veo cómo está apuntando algo en una libreta.

-Vale, desde ahora quiero vayas a toda velocidad. Tenemos menos de quince minutos para llegar a nuestro objetivo.

Cuando llegamos detiene el camión.

-Vale, hasta aquí podemos llegar, ya estamos en la ciudad.
-Perfecto, ahora ponte el antifaz.
-¿Qué me vas ha hacer?
-Nada peor de lo que tu pretendías en un primer momento. Rápido, no hay tiempo que perder.

Se coloca el antifaz y comienzo a actuar rápido. Primero tomo su cartera y me llevo todo el dinero que había dentro, dejando un poco. Cojo el cuchillo que ha comprado, me hago un corte bastante profundo en la muñeca y dejo caer mi sangre sobre alguna zonas. Al final presiono la herida hasta que deja de sangrar y la vendo.

-Escúchame, vas a estar dos minutos con el antifaz, si no lo haces te vuelo la cabeza, ¡lo juro! -digo apoyando el cañón en su sien.
-¡Tranquila, haré todo lo que me digas!

Tengo poco tiempo, es una ciudad bastante pequeña y está anocheciendo, el tren dejará de pasar en breves. Me bajo silenciosamente y comienzo a correr buscando la estación. No pasan ni cinco minutos cuando encuentro la estación, compro mi billete y por suerte el tren está a punto de partir. Hoy es mi día de suerte, sin duda. Cuando me siento dentro del tren, me dejo caer y noto el dolor sobre mis hombros… Demonios, ha sido un viaje demasiado duro. El tren comienza a moverse y miro por la ventana, ya es tradición. Por fin mis párpados pueden caer, se sienten tremendamente pesados. No puedo evitar esbozar una sonrisa, antes de caer profundamente dormida, al ver las luces rojas y azules de los coches de la policía. Creo que nunca antes me habían parecido tan bellas esas luces…

Notas de autor: En un futuro habrá nuevas noticias sobre ''To the end''. Espero que lo hayas disfrutado .



martes, 11 de agosto de 2015

Sexo, drogas y alcohol. El nacimiento de un superhéroe.

Era un día soleado, para mi gusto, demasiado. Por suerte o por desgracia ya se acercaba el final del verano.  Aún así eso no suponía una gran noticia para mí, que seguía manteniendo esa gota gorda de sudor que usaba mi frente como tobogán. En fin, había elegido la peor mañana para salir a dar una vuelta, pero lo hecho, hecho está y no había cabida para el arrepentimiento.
Necesitaba una excusa, algo que me mantuviera distraído y allí estaba mi musa, la elegida, la enviada por por dioses... DEBÍA SER ELLA Y NO OTRA. Era mi última esperanza de poder darle a mi mente algún estímulo que consiguiese disuadirla lo suficiente para no pensar en el calor, el pelo pegado al cuello y esa sensación de sed insaciable... Con el pelo recogido con una coleta, mascando un chicle de forma muy poco sutil, con una camisa que probablemente la compró hace 3 años o se había equivocado de talla, ella me saludó a vocerío limpio y agitando los brazos como un pollo sin cabeza. No ha sido un buen símil ya que los pollos no tienen brazos y no los agitarían más si no tuviesen cabeza... En fin, la cuestión es que nuestras miradas ya se habían unido y su atención recaía fielmente en mí. Era el momento.
-¡Hola, cuánto tiempo! .
-Síííí, no te veía desde que acabaron las clases -dijo mientras me abrazaba efusivamente -¿Cómo estás?
-Bueno, sobreviviendo, como de costumbre. ¿Cómo te ha ido el verano?
-Buah, ha sido todo sexo, drogas y alcohol. Me he liado con un montón de pavos este verano, ha sido el mejor verano de mi vida. En mi pueblo no parábamos de beber y fumar porros todo el día [...]

Algo extraño estaba pasando, era algo inusual, algo que solamente ocurre una vez cada tres mil años.  Las estrellas se habían alineado, el calor había fundido mi percepción, todas las células de mi cuerpo estaban agitadas... Se avecinaba algo sin precedentes, algo que iba a cambiar el destino de la humanidad... Cuando me di cuenta estaba sólo, sí, sólo. En la soledad más absoluta y abrumadora. No sabía cuánto tiempo había pasado , qué había ocurrido o cómo había podido ocurrir eso. La cuestión es que ella ya no estaba. Sí, me había convertido en un superhéroe. No sólo había vencido a las temperaturas, si no también a mi propia mente y lo más importante... HABÍA SOBREVIVIDO A ESE DISCURSO. Sí, joder, lo había conseguido. Un superpoder había nacido en mí, el superpoder de ignorar a la gente cuando me van a decir algo estúpido.
Como ya no quedaba nada que hacer  simplemente me fui a casa con una sonrisa. Quién iba a decir que soy un superhéroe...

jueves, 16 de julio de 2015

Un silencio triple

Cómo ya lo había leído en El Nombre del Viento, aquel silencio era triple. Quizá habría sido mejor decir que en realidad trataba de tres silencios convergentes, pero de alguna manera, él estaba seguro de que el silencio no era uno, si no tres. 
Por una parte estaba el silencio que sellaban sus labios con tal ímpetu que daba miedo interrumpirlo; no por esta razón era un silencio tenebroso, más bien era liviano, un silencio pasajero que se había colado por la ventana de alguna casa. Incomodaba un poco y a su vez acompañaba el momento. 
El segundo silencio era un poco inquietante. Era un silencio acompañado por sus miradas, un silencio inesperado y acechante. Por alguna razón él no podía dejar de sentirse intimidado por aquel silencio tan sombrío; pero no te equivoques, era tan perturbador como natural. Era el silencio típico de una noche estrellada, de un mar calmado, de una noche serena como en la que ellos se encontraban.
El tercer silencio nunca llegó a comprender de dónde procedía. Era tan misterioso como un secreto; sí, era un secreto. Era un silencio de corazón, uno de esos que se cuela en tus adentros y hace que te sientas silencioso, insignificante y enamorado. Era un silencio que acompañaba sus ojos, a la nostalgia por recordarla y su pecho; era un silencio del corazón. Ese silencio estaba aquella noche, él no sabía dónde pero su corazón sí que lo sabía, y muy bien además. 
Lo que él nunca llegó a saber es que existía un cuarto silencio. Este fue el que la hacía única. Esta fue la razón del por qué él estaba tan enamorado de ella. Esta fue la razón del por qué él pudo sentir vació su corazón, después de haber estado tanto tiempo sin ella y los tres silencios. Él amaba el silencio de ella y a ella le gustaba hacer mucho ruido; demasiado para el silencio.

viernes, 26 de junio de 2015

¿Cuánto cuesta escribir un poema?

¿Cuánto cuesta escribir un poema?
Se pregunta el preso que cumple condena.
¿Horas, semanas, quizás unos días?
Menuda tontería, perdonad que me ría.

¿Cuánto cuesta encajar cada frase?
Rimar cada verso,
que no se me pase.
Conseguir de esta forma un poema tergiverso
y usar palabras cultas aunque el ritmo colapse.

''Escribir poesía es algo muy fácil''
es un trabajo sencillo, no te mantiene en vilo;
solo lees un autor y copias su estilo
cayendo en la pedantería de un verso poco grácil.

''¿Qué importa la poesía?'' Te estarás preguntando,
 a nadie le importa, es algo del pasado.
Son textos aburridos y pedantes
más pesados que el barrito de cien elefantes.

El preso vuelve a repetir la canción
con esta frase digna de sanción:
Escribir poesía es algo muy fácil,
voy a demostrar que este arte es bien frágil.

Más dejémonos de habladurías
las palabras son propias de la gente fría.
Para argumentar en las pruebas me baso
y este texto es la gota que colmará el vaso.

Y sí, este texto es una poesía.
¿Te has dado cuenta? Quién lo diría..
Carente de sentimiento aunque no debería,
pero desde el principio esto ya se veía.

¿Cuánto cuesta escribir poesía? Pregunto.
Perdona insistir, me interesa el asunto.
¿Crear un verso eterno del que nadie se olvida
y que toda mi ira sea comprendida?

¿Cuánto cuesta escribir un poema?
¿Cuánto cuesta escribir un verso del que nadie se olvida?



sábado, 6 de junio de 2015

Los fantasmas del pasado.

Sí, debía caer. Estoy seguro de que debía hacerlo.
Con miedo, eso sí, con terror por hallar aquello que repudiaba.
Debí estamparme en el fondo, sentir esa oscuridad,
esa sensación de aislamiento... Ese temor a estar en lo más bajo.
Fue un momento lúgubre y estrambótico.
Claro que tuve que derramar lágrimas.
Claro que tuve que sentirme vulnerable.
Pero allí me pude quitar mi máscara porque nadie me veía. 
Y de tanto en tanto miraba hacia arriba con nostalgia,
esperando que ese pequeñito rayo de luz me tendiera su mano.
Nunca llegué a alcanzarlo.
¿Pero sabes qué? Debía caer.
¿Por qué?
Porque allí me encontré a mí mismo. 
Muchos se quedaron en unos peldaños más arriba,
tan arriba que ya ni siquiera pude ver sus rostros.
Pocos se quedaron conmigo. Muy pocos...
Eso sí, algunos me tendieron su mano para ascender,
para liberarme de la oscuridad sempiterna que me inundaba.
Pero no, yo creo que estoy bien aquí. Este es mi lugar. 
Soy consciente de que nadie va a querer bajar aquí.
Nadie va a querer sentir esta humedad incesante,
esas sombras que amenazan con lapidar tu cuerpo,
esas miradas de desprecio que llegan desde la superficie...
Y sinceramente no me gusta estar aquí,
pero tampoco me arrepiento.
Son sentimientos que se contrarian pero...
Me he encontrado.
¿Y sabes qué?
Me encanto.
Aunque ello suponga perderlo todo.
Aunque ello suponga quedarme en estas tinieblas eternamente.
Aunque ello suponga padecer soledad eterna.
Aunque me deslumbren,
Aunque derrame lágrimas.
Aunque todo se aleje y yo me quede aquí estancado.
Me encanto. Y tú podrías encantarme también.
Pero estás ocupado creyendo que soy mi sombra.
Quizá si me preguntaras te diría que yo ya estoy muerto;
con lágrimas en los ojos y el corazón abierto. 
Y mis fantasmas del pasado me atormentan,
pero no voy a sucumbir.
Porque volver a mi pasado supondría perderme a mí mismo.
Y me encanto.




jueves, 4 de junio de 2015

Yuki-onna

El mundo es mío. Quizá me encuentro un poco más distante que hace unos años, cuando todavía era yo mismo, cuando todavía era. Pero eso no quita que no haya conocido el placer, que ya haya poseído todo aquello a lo que aspiráis. No podréis gozar de su virginidad porque antes la mancillé yo. Aunque no es bueno alardear del pasado, son hechos que acabaron y que de alguna forma devinieron en lo que hoy vengo a ser yo. Tampoco le puedo tildar de culpable, simplemente era un camino por el que tenía que pasar para llegar hoy a esta bonita noche, esta dulce velada en la que me puedo relajar, mirar las estrellas y afirmar que el mundo es mío. No acepto crítica, ni represalias, ni reprimendas; hoy no, no voy a argumentar más, ya tuve que dar explicaciones hace mucho tiempo. Hoy simplemente me apetece pasear por la noche mientras suena Für Elise en una cajita antigua de música. Quiero sentarme en algún sitio desvistiéndome al completo, poco a poco, con sutileza y elegancia. Primero me despojo del tiempo, lentamente me deshago de los prejuicios, pasando por mis obligaciones y acabando por mis sueños. Desvestido completamente a ojos de las estrellas, con una piel oscura de aspecto blanquecino gracias a la sonrisa mortecina de la luna. Mi cuerpo es tan imperfecto que casi me hace reír, burlarme de mí mismo, pero qué más da, nadie va a juzgarme porque nadie tuvo la osadía de acompañarme. Esta soledad es tan bella como dolorosa, pero no es un dolor atroz, si no sutil y elegante, como mi forma de desvestirme, es un dolor con un gran currículum, una experiencia que casi se podría glorificar, es un dolor sempiterno... Este dolor está a otro nivel, yace en una zona casi inimaginable, está fuertemente arraigado a mis propias raíces. Quizá sea un maniático sexual, pero me complace sentirme de esta forma, totalmente desnudo y vulnerable, con un dolor que actúa como fusta y latiga cada centímetro de mi cuerpo. Si sonara un piano ahora mismo podría llorar, pero no va a ocurrir y este me hace sentir todavía más triste, incapaz de liberar mis lágrimas.
Creo que estoy embriagado. No puedo detener mi vista en un punto en concreto, mis ojos no pueden parar, están inquietos debido a la búsqueda de la belleza absoluta. Solamente hay dos cosas más bellas que la noche; una es la muerte y la otra es el amor. Me gustaría morir de amor bajo este cielo azabache. Escribir un poema triste, leerlo en voz alta a un gran público y apuñalarme en el abdomen como hizo Julieta para deshacerme de las banalidades que me ofrece esta vida, o envenenarme besando esos labios tan afilados con los que dejó de sonreír hace mucho tiempo. ¿Los labios de quién? Pues de esa dama desnuda que me observa detenidamente con mirada traviesa. Dueña de esa piel perfecta cuya sonrisa hace blanquecer a la luna. Esa curvatura perfecta que describen sus senos, esa pose tan sensual con la que tapa su sexo con sus piernas tan esbeltas. Ese cabello que cae agotado sobre sus hombros... Esa es la mirada, esa es la cicuta de Romeo, la daga de Julieta, el juicio final de un hombre que se perdió hace tiempo. Esto me recuerda a ''La dama y el suicida'', aquella obra de teatro que nunca llegué a acabar, como todo. Tras dejarme embelesado con su flagrante sonrisa, se da media vuelta y comienza a andar, con gracia divina. Mi cuerpo comienza a moverse solo, doy el primer paso vacilando, con la duda en cada movimiento que describen mis piernas, una sensación de pánico que se va desvaneciendo. Cada vez más rápido, sin titubear, con la esperanza de alcanzar esa dama nocturna que deambula exhibiéndose a sí misma. Siento frío, conforme más cerca estoy de ella noto como mis músculos se entumecen llegando a tal extremo que resulta doloroso seguir avanzando. Mi respiración cada vez es más lenta y puedo sentir como mi corazón se apaga gradualmente. No la puedo alcanzar, mis pasos cada vez son más lentos. Intermitentemente mis rodillas se doblan y tropiezo con mi propio cuerpo. Pese a esto no puedo dejar de seguirla. Quizá sea efecto del cansancio, pero las calles de la ciudad se han convertido en una nívea cumbre recubierta de escarcha.  Caigo al suelo, no puedo seguir. La nieve se amontona sobre mí, siento como se deshace al mezclarse con el calor de mi cuerpo y me quema. Estoy jadeando como nunca antes lo había hecho. Alzo la vista antes de sucumbir. Mi fugitiva me observa con una mirada curiosa, casi divertida, aunque con un ápice de melancolía. Pobre mujer de las nieves, condenada a vagar como un alma errante, por la eternidad de los días. Deshaciéndose de aquellos que como yo, la han seguido buscando la belleza del amor y la muerte. Un final muy acertado para alguien que un día fue poseedor del mundo. Por fin las lágrimas resbalan por mi rostro... creo que al fin puedo escribir los versos más tristes esta noche.








sábado, 23 de mayo de 2015

Buenas noches Punpun

¿Qué es Buenas noches Punpun?


Es un manga japonés escrito e ilustrado por Inio Asano, sobre Onodera Punpun, un niño normal representado en la forma de un pájaro. La historia cuenta la vida de Punpun, desde su infancia hasta su adultez.
La diferencia entre esta obra y otras del mismo género, es que básicamente te cuenta una historia que realmente te puedes creer. Es un enfoque distinto, es como si el autor hubiese psicoanalizado la vida de varias personas y hubiese creado una historia con los resultados. Por esta razón te vas a sentir identificado con la gran mayoría de los núcleos temáticos de la obra; sí que es cierto que algunos están forzosamente dramatizados y exagerados de forma que te distancian de esa característica íntima que acabo de nombrar, pero ya desarrollaré este punto más adelante.
Para que puedas entender lo que te quiero decir te voy a poner un ejemplo. En uno de los primeros capítulos de la obra, Punpun tiene el sueño de recibir un premio Nobel por descubrir una supuesta estrella y entonces lo primero que le viene a la cabeza es ganar mucho dinero para comprar una casa para él y otra al lado para sus padres. Después de leer esto me di cuenta de que yo también había tenido el mismo sueño y al comentarle esta experiencia a mis amigos me di cuenta de que ellos también habían pasado por ese momento en su infancia. Me sentí estúpido al verme tan identificado con un pollo mal dibujado y entonces me di cuenta de cual era la función de la simplificación de ese personaje y cuán inteligente había sido su autor.

¿Quién es realmente Punpun?

Sí, ese es Punpun. Un pollo mal dibujado. El protagonista de una de las historias más humanas que he leído. La razón del por qué estoy escribiendo este análisis.
Básicamente este es el motor de la historia, de hecho si extrajeras a este personaje y lo situaras en una situación espacio-temporal diferente, el resultado final sería lo mismo. ¿Por qué? Porque ese pollo eres tú, soy yo, es tu vecino... cualquier humano. Es una persona que no es nada más ni nada menos que una persona y por eso el autor no ha simplificado tanto la figura del protagonista, porque podría haber sido cualquier persona del globo. Punpun va a ser un niño que quiere a su padre, que se asusta la primera vez que descubre el sexo, que se plantea si Dios existe...
Es curioso ver cómo constantemente en el cine y otros artes intentan crear personajes que intenten hacerte pensar que son humanos y te veas identificados con ellos, llegando a forzar situaciones que incluso molestan, y de repente llega Inio Asano (el autor del manga) y a través de un pollo consigue crear un espejo donde te ves constantemente reflejado.

¿Qué más puedo encontrar en esta obra?

Si fueses a ver 150 capítulos sobre una persona probablemente acabarías aburriéndote. Por esta razón el tema principal de esta obra es el drama y la filosofía. Los personajes se someten a constantes barreras que deben superar reflexionando sobre la vida, la muerte, el amor... Hay un sin fin de momentos en los que la historia te incita a reflexionar y tocan temas como el nihilismo, la reinserción social de una persona que ha infringido la ley, la sexualidad de una persona...


¿Es perfecta esta historia?

No, sin lugar a dudas tiene diversos puntos negativos que voy a citar a continuación.

-Hay personajes con los que se hace difícil conectar. De una forma holística puedo entender el comportamiento de todos los personajes, pero analizándolos individualmente ha habido algunos con los que no he conseguido conectar o simplemente no he podido entender sus acciones. Independientemente de quién seas siempre va a haber varios sujetos a los que no puedas entender. Si eres un joven como es mi caso, te va a costar comprender el comportamiento de una mujer de 40 años divorciada. Simplemente por la condición de cada uno va a haber partes en la historia que superen tu entendimiento.
-Fuerzan demasiadas situaciones. Como he dicho anteriormente hay que añadir dramatismo para que una historia tan larga no se haga pedante pero a veces las situaciones son forzadas a su extremo.  Dentro de cualquier otra obra lo podría haber entendido, pero esta en específico comienza siendo muy humana y añadir escenas tan excéntricas y bombásticas, hacen que de alguna forma la obra pierda su esencia e incluso a veces llegue a molestar.
-Algunas situaciones demasiado pretenciosas. Recuerdo que en un capítulo el protagonista habla con un amigo suyo para que baje un poco el ritmo en un torneo de bádminton ya que su contrincante sufre problemas de salud. Estamos hablando de chicos de 14 años aproximadamente, la respuesta normal habría sido decir un ''no, quiero ganar'', en cambio este personaje realiza un diálogo autoreflexivo donde establece un símil entre la vida y conseguir las aspiraciones a través de la victoria... Quizá ahora no parezca extraño, pero si alguna escuchas a tu hijo de 14 años hacer eso ,sin haberlo planeado de antemano, probablemente sería un genio y tendrías que llevarlo a una escuela de superdotados.
Yo como autor conozco mil formas de dar un mensaje, puedo hacer que una piedra se ponga a filosofar sobre la existencia de la realidad o si por contra todo es relativo y no somos más que un producto de lo que nuestra mente quiere percibir de una realidad totalmente subjetiva; pero si hiciera eso la historia perdiría credibilidad y más si antes estoy hablando de temas tan serios... Son pequeños contrastes, que viniendo de su inteligente autor me han molestado considerablemente.
- (Contiene Spoilers) Este punto va a ser extraño ya que solo he vivido 17 años y no tengo tanta experiencia como para hablar, pero bueno, vamos a intentarlo de alguna forma. Comencemos con un ejemplo. Sobre el capítulo 60 nos encontramos al protagonista en una cita con una chica , al final de ésta él se cuestiona si en realidad la ama o simplemente es una ilusión para engañar a su corazón dañado. Hasta este punto había sido muy humano y yo me he llegado a sentir como él, sinceramente  ya me encontraba en el limbo de los sentimientos. El verdadero problema es cuando estos dos personajes discuten y él llega a la conclusión de que debe besarla porque está muy excitado... Sí, casi intenta violarla. Aunque consigue volver en sí gracias a una torta que ella le da, luego va a un parque y se masturba. Es muy arriesgado dar mi opinión en este tema, pero a mí me ha parecido todo una locura. No sé que mentalidad tienen los japoneses o el resto de personas de este mundo, pero al ser una historia tan ''real'' ver esta escena me hace pensar que su autor es un maniático sexual o por contra esto es de alguna forma ''normal''. No sé si sentir de esa forma es común entre los hombres, pero a mí me ha parecido algo inhumano y fuera de lugar dentro de esta obra. Hay algunos otros casos así, cuando más tranquilo y relajado estás viendo el manga, de repente ocurre algo que supera tu razonamiento...
-Sigue a rajatabla la ley de Murphy. Si algo puede salir mal, va a salir mal. Esto no molesta excesivamente porque a veces la vida puede ser así, pero de esta forma se vuelve una historia que te destroza desde dentro. Te vas a ver identificado con su maldad, con su tristeza, con su crueldad. Va a conseguir que te sientas insignificante y culpable por vivir, por haber sentido lo mismo que el personaje... No es un manga que pueda leer alguien deprimido o una persona con depresión. Es una obra devastadora que a veces resulta difícil de digerir.

Conclusión.

Esta obra es fantástica, es de lo mejor que puedes encontrar dentro de su género pero su mayor problema es la cruda realidad que te muestra, aunque sea cierta, es demasiado pesimista para que algunas personas la puedan digerir. Por esta razón no se la puedo recomendar a muchas personas, a pesar de ser tan fantástica no está hecha para todo el público. Solamente las personas dispuestas a reflexionar, seguras de sí mismas y conocedoras de los lados más oscuros de la vida pueden verla. Alguien que no conoce el dolor no va a poder sentirse identificado con esta obra, es así de simple. Por esta razón yo, que tengo 17 años no he podido entender todos los comportamientos de los personajes.  He estado leyendo en foros y ha habido muchas personas que mientras lo leían han tenido que detenerse porque se sentían devastados.  Es una obra con la que tienes que conectar desde un comienzo y sí lo haces te vas a enfrentar al sufrimiento. Si por contra no consigues conectar debes dejar de leerla porque te vas a tragar 150 capítulos de dramatismo ''exagerado''.

domingo, 17 de mayo de 2015

Fate


Capítulo 1: Destinos convergentes,

Quiero bajarme de la furgoneta y comenzar a vomitar como no lo he hecho antes. Nunca me ha gustado viajar y mucho menos a las vertiginosas velocidades que lo estamos haciendo. Vale que soy bastante susceptible, pero el velocímetro marca que ya ha superado los límites de velocidad y no por poco.
Por la radio suena música en inglés, aunque la voz de mi padre se come todo el sonido  y su canto parece una mezcla entre alemán y borracho tradicional con toques a vajilla rota. Créeme, no estoy exagerando, suena tremendamente mal. Aunque con mi malestar, la voz de mi padre es lo de menor importancia, estoy más preocupado por si da un volantazo y acabamos volteando o chocando contra cualquier otro vehículo. ¿Dónde demonios está la policía cuando se le necesita? Quizá si le hubiesen parado y le hubieran hecho la prueba del alcoholímetro probablemente le hubieran quitado la custodia y podríamos haber acabado en una familia de acogida, pero por suerte para el lector esto nunca ha ocurrido. Al mirar por la ventanilla solamente veo muros moviéndose constantemente, como si las calles tuviesen vida. Esto solo aumenta mis náuseas, así que  me pongo a mirar por el retrovisor que probablemente sea más entretenido y no me provoque arcadas. Sorprendentemente ella está muy tranquila, parece que en cualquier momento se va a quedar dormida. Cualquiera diría que somos hermanos...
Sin previo aviso mi padre da tal frenazo que salgo despedido y me golpeo contra la guantera. Creo que me he roto un diente. Todo está dando vueltas, no puedo fijar mi vista en un punto ya que cuando lo hago éste comienza a girar sobre sí mismo. Definitivamente voy a devolver y quiero evitar una reyerta de dimensiones considerables, más me vale hacerlo fuera del coche. Abro la puerta rápidamente y salgo atropelladamente, al salir tropiezo con mis pies y caigo sobre el asfalto. No puedo aguantar más, noto como mis jugos gástricos ascienden por mi garganta, giro mi cabeza para evitar mancharme y [...]

Siento interrumpir pero... ¿Crees en el destino? Hay millones de sucesos en todo el mundo que convergen en una ruta común. Por muy insignificante que sea, todo afecta a una ruta principal. Algo tan simple como agacharte para recoger una moneda que se te ha caído puede hacer que te retrases unos segundos que más tarde te van a salvar la vida en un accidente. A mí me gusta pensar en estas cosas, quizá mi escepticismo y mi creencia en el destino es una controversia, pero no creo en el destino como es en realidad, si no que prefiero darle una definición diferente. Para mí, destino es aquella desembocadura donde cada acto converge, es el punto en común de todos y cada uno de los seres del universo. Hay muchas religiones e ideologías que se basan en este concepto para marcar la conducta de sus devotos. De alguna forma me parece un poco triste el hecho de que tus actos, por muy buenos que sean, quizá en un futuro deriven en algo malo. Yo creo que por eso existe la muerte, para poder permitirte vivir una vida dándote la oportunidad de actuar bien y que al final no seas consciente del devenir. Creo que este mecanismo es muy dulce, es como una madre que te duerme en su regazo y te acaricia la cabeza diciéndote que ya es suficiente, que lo has hecho todo bien...

El coche está a penas a cinco metros de mí, la colisión es irremediable. Por un momento puedo ver como el tiempo avanza a fotogramas, como si fuese una película, como si tratara de una grabación. Puedo ver los ojos abiertos del conductor y su desesperanza por cambiar la dirección del coche o los ojos de mi hermana que me miran tras la ventanilla, parece estar gritándome algo. Todo sigue avanzando lentamente hasta que siento un golpe en mi costado. Todo se está apagando lentamente. Ahora solo puedo ver el cielo, se está volviendo rojo y es precioso. El sonido también se apaga. Creo que nunca había tenido tantas ganas de dormir...



En algunos momentos tristes todos somos capaces de sentir el frío de la verdad. Quizá es un tópico, pero esta noche es oscura y llueve.  A penas puedo ver pequeños garabatos moviéndose entre las luces. Desde esta altura el viento pasea totalmente libre, su siseo se convirte en los gritos desesperados de un animal herido. ¿Y yo? Aquí de pie al borde del abismo, contemplando la ciudad desde las alturas. Meto las manos en los bolsillos de mi abrigo y palpo mi móvil, lo saco y comienzo a revisar la pantalla, se me olvidaba algo. Hace tiempo que abrí una página web , para ser específico es un foro. Por  alguna razón es tremendamente conocido. No puedo irme sin redactar una carta de despedida a todas aquellas personas que mantienen viva la comunidad. Abro un post despidiéndome de todos y comienzan a llegar cientos de mensajes. El móvil no para de vibrar como si estuviese poseído. Lo apago y lo dejo en el suelo. 
Y aquí estoy yo, al borde del precipicio. Quizá un poco cansado, pero no lo suficiente como para saltar. Entonces encuentro algo incluso más interesante que mi móvil... una moneda de cobre. Es de color marrón con un tono gris viejo. Está bastante gastada y se nota hay una larga historia tras ella. La lluvia golpea la moneda y el agua resbala sobre mis manos, está comenzando a colarse por mis mangas y esto me hace tiritar. Tiene dos caras apenas visibles. ''Cara o cruz''. Retrocedo un poco, coloco la moneda sobre la superficie de mi pulgar y ayudándome de mi índice la lanzo al vació. Entonces tomando un poco de carrera salto. 
Esta sensación es maravillosa. El viento y la lluvia tiran  de todo mi cuerpo conforme aumenta mi velocidad de caída. Todo se mueve muy rápido. El vértigo y la adrenalina se apoderan de mi sangre. Noto como las lágrimas recorren  mi cara, tengo los ojos humedecidos, apenas soy capaz de ver más allá de lo que mi mano alcanza. Pero estoy sonriendo, esta sensación de sentirme vivo nunca la había experimentado, si tengo algún arrepentimiento tras haberme tirado es el de no poder volverlo a hacer.  Escucho el ruido del chasquido de dos metales chocándose a traición, fuerzo mi vista para poder ver lo que ha ocurrido, es mi moneda que ha chocado contra el saliente de una ventana. Está girando sobre sí misma en el aire, como si una mano invisible la hubiese dajado ahí, flotando. Alargo mi mano tanto como puedo  y en cuestión de una fracción de segundo consigo alcanzarla. Quema. No se si ha sido por el golpe a estas velocidades, pero arde. Cuando quiero darme cuenta ya vislumbro el suelo. Es una lástima no poder saber si ha salido cara o cruz. Bueno, es irrelevante, de todas formas haber apostado mi vida en un juego de azar es una tontería ya que independientemente del resultado voy a morir. Lo merezco, sería una falta de respeto morir porque he perdido en ''cara o cruz'. Pero me gustaría morir sabiendo el resultado. Mi elección es cruz, sin duda. Quizá habría sido una buena idea dejar un papel en mi bolsillo con la palabra ''cruz'' escrita en él, de esta forma al encontrar mi cadáver sabrían si le he ganado a la vida. Sabrían si mi muerte es injusta, si he muerto habiendo ganado mi última apuesta. Es un todo  o nada donde nadie apuesta. Nunca me ha gustado perder.
Un escalofrío recorre mi piel. Tengo un pequeño remordimiento carcomiendo mis recuerdos. Quizá mi decisión no ha sido la más acertada, no puedo parar de pensar en mis seres queridos, en todas aquellas cosas que no hice, en mis conversaciones a medias...  Pero ya es demasiado tarde, lo que en el tejado eran luces distorsionadas y formas evanescentes ahora se han convertido en formas perfectamente delineadas. Puedo ver el callejón donde voy a caer. Veo los carteles luminosos, las personas paseando, los bares repletos de jóvenes riendo. En el fondo de mi corazón me siento aterrado al pensar que todas esas personas van a ser espectadores de mi muerte. Van a ver cómo mi sangre y órganos son esparcidos por el suelo, algún curioso les sacara fotos y las colgará en Internet. A muchos les va a parecer divertida la situación y quizá alguno quede traumatizado. No es la mejor forma de suicidarse pero si nunca he tenido esas consideraciones en vida mucho menos lo haré en muerte.
Cierro los ojos y sujeto la moneda con fuerza. Entonces siento un fuerte golpe en el abdomen. Me hace contraerme, no puedo respirar. Noto como algo sube rápidamente desde mi estómago hasta mi boca, es sangre. Siento cómo mis huesos crujen de forma estrepitosa, voy a partirme en dos. Me siento inmóvil, quizá solamente mi cerebro es la lo único que sigue funcionando en mí. No puedo sentir ningún tipo de dolor. De repente siento como algo arremete contra mí. 
-Prepárate que vamos a bajar. 
Apenas soy capaz de escuchar esas palabras, literalmente se las ha llevado el viento. 
Mi rostro está siendo latigado por mechones de pelo, abro los ojos y me doy cuenta de que es es rojizo. Esta persona me está cargando sobre sus hombros, solamente puedo ver su cabello que cabalga sobre el aire y acaricia forzosamente mi cuerpo. Giro mi vista y veo que nos estamos desplazando mediante una cuerda con un enganche metálico en su extremo. No estamos balanceando sobre los edificios como si nada. Cuando la cuerda  describe una curva hasta su extremo, suelta la cuerda y toma otro punto de sujeción para aprovechar la velocidad que llevamos. Intento gritar pero no soy capaz, los sonidos no salen. No soy capaz de emitir ni una sílaba.
-Prepárate, aterrizamos ya.
Vamos disminuyendo la altura drásticamente hasta que llegamos al suelo. Ella prácticamente me arroja contra la superficie, saliendo despedido. Tirado en el suelo solamente puedo ver el cielo. Extiendo mi mano intentando alcanzar aquel gigante oscuro. Entonces me doy cuenta de que todavía poseo la mano encerrada en mi puño. Miro el resultado y comienzo a reírme. No sé que está ocurriendo, no sé si quiero saberlo, no estoy entendiendo nada; pero si de algo estoy seguro es que todo sucede por alguna razón. ¿Acaso ahora creo en el destino?

miércoles, 13 de mayo de 2015

Adolescencia

Escena 1

El hijo se encuentra muy enfadado porque piensa que la vida es injusta. Recorre la casa mientras grita y da portazos. Comienza a vociferar en contra del estado, sus padres, sus profesores y el sistema. Sus padres están en el salón. Su madre lee un libro y su padre está haciendo un crucigrama, no parecen prestarle mucha atención.

Hijo: (Comienza a escucharse de fondo) Estoy hasta los cojones, siempre la misma historia (dice gritando). Los profesores dándome la brasa todo el día y ahora que quiero estar tranquilo venís vosotros a tocarme los huevos (da un portazo). ¿Sabéis qué? Soy una persona, soy una maldita persona, no un muñeco con el que podáis hacer lo que queráis. Algún día os vais a arrepentir de esto, me voy a ir de casa y voy a quemar el colegio. Sí, eso es, me voy a marchar y no me vais a volver a ver el pelo.
Padre: (aparte el periódico un poco y se dirige a su mujer) Mamífero lagomorfo lepórido de menor tamaño que la liebre.
Madre: Conejo (dice sin apartar la vista del libro)
Padre: ¿Sí, verdad?

El ruido que se escuchaba de fondo se ha disipado, ahora solamente se escuchan los pasos del hijo que atraviesa el pasillo y se dispone a salir.

Padre: Dile que no llegue más tarde de las diez que luego se enfría la cena.

La madre deja el libro a medio abrir sobre la mesa y se dirige a la entrada.
Madre: Toma, ponte la chaqueta que hace frío. No llegues tarde que vamos a cenar a las diez y mañana tienes clase.
Hijo: Vale mamá.
Madre: Coge también las llaves, que siempre las olvidas.
Hijo: Gracias, ya lo olvidaba por completo.
Madre: Acuérdate, no llegues tarde y pásatelo bien, ¿vale? (dice mientras de la un beso en la frente)
Hijo: Tranquila que volveré antes de las diez.  ¡Hasta luego!

La madre vuelve al salón y retoma el libro por donde lo había dejado.

Padre: Retoño de Adán y Eva.
Madre: ¿Cuántos espacios?
Padre: Cuatro.
Madre: Tiene que ser Caín o Abel.
Padre: Caín encaja perfectamente. Gracias cariño.
Madre: De nada, mi amor.

domingo, 10 de mayo de 2015

Sin título

El otro día hacía buen tiempo y decidí dar una vuelta. Iba perdido en mis pensamientos, sin rumbo fijo, simplemente caminando porque mis piernas me obligaban a hacerlo. Recordando viejos tiempos y reflexionando sobre los futuros, sin darme cuenta acabé en un cementerio. Ese mismo día estaba escribiendo una poesía sobre la muerte pero, ¿de verdad comprendo qué es la muerte? A veces la vemos tan distante, parece algo ajeno a nosotros, como si no tuviésemos nada que ver, como si fuésemos dos desconocidos que evitan mirarse a los ojos. Paseé por el lugar contemplando las lápidas, mirando las fechas de defunción, los rostros de los que un día estaban vivos...
Fue un acto desde el más puro respeto, podría decir que me estaba enfrentando a mis dudas, a mis inquietudes. Vi algo que me llamó la atención. Encontré unas piedras con letras grabadas y decidí leerlas. Esto fue lo que encontré:

¡PEPITA!
QUISIERA PODER ESCRIVIR                                                  
Y EN ESTA PIEDRA GRAVAR
LO QUE MI CORAZON SIENTE
EN ESTE DIA FATAL
UN DIA ENFERMA ESTUVISTE
O QUE DIA TAN FATAL
QUE CON LA MAYOR PENA
TE VIO TU MADRE ESPIRAR
UN CONSUELO YO TENIA
PUES ME QUEDABA TU HERMANA
Y EN MEDIO DE MI DOLOR MIS PENAS ME CONSOLAVA
HOY PERDIDA LA ALEGRIA
Y PERDIDA LA ILUSION
PUES AL FALTARME TU HERMANA
SE LLEVA MI CORAZON


¡PILARIN!
PILARIN HIJA QUERIDA
EN EL CIELO DONDE ESTES
DAME CONSUELO EN LA VIDA
PARA PODERLA LLEVAR
CONSUELA LA PENA MIA
HIJA DE MI CORAZON
Y RUEGA A DIOS POR TU MADRE
QUE OY POR TI EN LA TIERRA SUSPIRA
HOY JUNTAS LAS DOS ESTAIS
EN EL CIELO HIJAS QUERIDAS
Y VUESTRA MADRE EN LA TIERRA
MUY TRISTE Y AFLIGIDA
GRAVADA EN LA PIEDRA ESTA
ENTRE LA PENA MIA
Y EN ESTE DIA FATAL
VUESTRA MADRE NO OS OLVIDA

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Al acabar de leer estos textos se me escaparon algunas lágrimas. Los sentimientos de esa madre me llegaron a través de los años y hundieron mi corazón en la miseria. Me hicieron sentir mal, compartir su dolor. Puede que sea la mejor poesía que he leído en mi vida, no me fijé en la métrica, ni en la ortografía, ni en la ausencia de puntuación... Fueron sus sentimientos directamente los que me hablaron, que por primera vez en la vida experimenté lo que es ''Poesía''. No voy a decir que otras veces no he tenido ese sentimiento, pero este momento fue especial , fue como pasear de la mano con su autora mientras me susurraba la poesía.
Después de esto me hizo plantearme muchas preguntas cómo ''¿Qué es la poesía? ¿Cómo leo la poesía? ¿Cómo escribo poesía?'' Son preguntas que a día de hoy no soy capaz de responder. No soy capaz de olvidar ese momento y me sigo haciendo las mismas preguntas constantemente. Todavía sigo buscando la respuesta pero creo que la poesía está pensada para los corazones afligidos, para los momentos dolorosos, para conectar sentimientos entre personas... Poesía no es un texto, si no es el momento en el que la vives.

Todavía no sé con qué finalidad escribo esta entrada, ni siquiera sé que quiero contar. Considero que la vida es un conjunto de sucesos aleatorios que al conectarse derivan en lo que conocemos como ''vida'' y supongo que todos los sucesos aleatorios quisieron llevarme a ese lugar, para reencontrarme conmigo mismo, para enfrentarme a mis miedos. Para comprender el dolor de una madre al perder a sus dos hijas y poder entender que no puedo escribir poesía fúnebre si mi corazón no me acompaña. Yo creo que ese texto consiguió afectarme tanto porque el corazón de esa madre estaba más cerca que el mío propio. No sé, es algo difícil de explicar.


jueves, 30 de abril de 2015

Cada uno en su lugar

Cada uno en su lugar. Como dos fugitivos que huyen de sí mismos.
Como si ese sonido que arrulla nuestros oídos fuese tan distante.
¿Cuándo un ''te quiero'' se volvió tan insonoro?
Quizá nos volvimos sordos para no tener que escuchar.

Lo que más me molesta es cuando te dije que cada uno debía estar en su lugar.
No replicaste lo más mínimo...
No puedes imaginar cuán doloroso puede llegar a ser verte aceptar mis palabras,
verte asentir cuando debías negar,
verte callar cuando debías gritar,
verte sonreír cuando deberías haber llorado...
Sí, me contradigo, pero no más que hace unos años cuando tú eras mi respuesta.

Cada vez que me dejas ir es como si mi corazón se muriese un poco.
¿Cuándo nos dejamos ir?
¿Por qué tu consuelo y no tus besos?
¿Por qué no tus deseos, mis deseos?
¿Por qué no soñar juntos bajo el mismo cielo?
¿Por qué tan distantes?
¿Por qué no como antes?

Quizá soy egoísta por no querer darte nada.
Quizá no tenga nada que darte.
Mi corazón está muriendo en algún lugar lejano y yo...
yo estoy aquí aparentando estar.

Me gustaría tener alguien con el que exculparme pero fueron mis palabras,
fueron mis labios los que me traicionaron,
fue mi cerebro el que me aseguró que me contrariarías,
fue mi corazón que me llenó de osadía,
fue todo y hoy no es nada.
Qué iluso fui, pensaba que recorreríamos el mismo camino y hoy...
Cada uno en su lugar.

Solo quiero que sepas que seguirá doliendo cada vez que sueltes mi mano,
aunque este sea el último dolor que me causes,
y éstos sean los últimos versos que yo te escribo.

martes, 28 de abril de 2015

Talento desaprovechado: Hacha vs Chorizo

Hoy me dispongo a enfrentar un hacha contra un chorizo. Va a ser un enfrentamiento con pocas normas:
-Se considerará victoria a aquel que consiga sobrevivir al enfrentamiento.
-No hay límite de tiempo.
-Se tendrá en consideración la posible personalidad de ambos sujetos.
-No se permiten intermediarios o terceras personas.
-No se permitirá el uso de objetos, herramientas o sucedáneos.

A continuación voy a analizar a los dos sujetos en cuestión.
Comenzando por el chorizo, puedo ver desde un comienzo que juega con una gran ventaja ya que su única forma de perder es hacerse malo o ser reducidos a partículas tan mínimas que no pueda considerarse chorizo. Por otra parte requiere de una gran cantidad de tiempo para que se haga malo.
El hacha tiene dos opciones a elegir, por una parte puede esperar a que el embutido se haga malo o por otra parte puede cortarlo constantemente  hasta que este sea reducido a unas unidades mínimas (cosa que es imposible para un hacha). Bajo estas premisas si el hacha elige cortar, probablemente pierda por desgaste moral o simplemente porque su estructura acabe rompiéndose o la hoja se vuelva desafilada y/o inservible. Pero si el enfrentamiento se basa en esperar a que el tiempo transcurra, probablemente gane el hacha.

Habiendo analizado a los dos contrincantes, habría que saber qué opción escogería el hacha ya que sería la determinante para una victoria segura o una derrota aplastante. Esto me lleva a una pregunta de mayor magnitud ''¿Cuál es la personalidad de un hacha?''. Todos somos conscientes de que un hacha es un herramienta cuya principal función es cortar, así que ante la posibilidad de ejercer su función probablemente lo haría.  Por otra parte un chorizo no tiene ninguna función ya que es un alimento y por naturaleza está acostumbrado a esperar hasta que alguien decida hacer con él. Bajo estas premisas no cabe duda de que el sujeto que se hace con la victoria es el chorizo.

Moraleja: Tener diversas opciones a elegir en la vida no siempre te va a dar la victoria, simplemente por el hecho de conocer tus orígenes y límites, podrás salir airoso ante cualquier situación.
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Si has tenido la osadía de acabar al texto probablemente te hayas dado cuenta de que soy gilipollas. Y sí, estoy de acuerdo. Todo lo que has leído anteriormente es fruto de una conversación totalmente verídica que he mantenido con unos amigos. A veces nos dedicamos a hacer estupideces como éstas y creo que es interesante ver como de algo tan estúpido como el enfrentamiento entre un chorizo y un hacha se puede llegar a convertir en un texto muy correcto.
Esta ''sección'' no es más que una serie de escritos que pretenden reírse de sí mismos, así que te pido que no me juzgues por estas desviaciones en mi blog. Por otra parte voy a seguir haciéndolo y van a haber muchas incluso más estúpidas. Al comienzo de cada entrada que vaya a ser de este estilo podrás leer ''talento desaprovechado'', así que si no quieres ver cómo un chaval ha invertido su tiempo en hacer el imbécil, te recomiendo que ignores estas entradas.

jueves, 23 de abril de 2015

Cómo comencé a escribir

Me llamo Cristian Johnny Rodríguez. Nací el 24 de mayo de 2197 en un pequeño pueblo. Aunque suene extraño nací del útero de mi madre, sé que por aquellos tiempos esa no era la forma más convencional, pero ella insistía que debía ser concebido como en los viejos tiempos.
Mi infancia fue muy tranquila, como se debe esperar de la vida rural. Mi madre era florista y ya desde pequeño comencé a interesarme por las flores, me sorprendía cómo podían existir tantas diferentes con sus característicos aromas, colores, texturas... Era interminable mi curiosidad.
Mi padre estaba constantemente viajando por aquellas ciudades abandonadas ''los viejos yermos'' y se encargaba de recoger todo aquello que podría servir a la sociedad para entender qué es lo que ocurrió para que las enfermedades comenzaran a mutar tan extrañamente... Bueno, eso ya es cosa del pasado, por suerte yo no viví esos tiempos, creo que debía nombrarlo por respeto a mis antepasados pero ahora todo ha cambiado y las personas resurgimos de nuestras cenizas. Como iba diciendo, mi padre trabajaba conjuntamente con los laboratorios de investigación. Debido a su trabajo no pasaba mucho tiempo conmigo pero yo comprendía que era por un bien mayor, así que no le di demasiada importancia.
Asistía a una escuela local, nada destacable. Quizá fue debido a mi poco interés, pero no recuerdo mucho de aquella etapa de mi vida. De alguna forma el tiempo fue pasando y fue entonces a los doce años cuando mi vida sufrió un cambio totalmente inesperado. Llegó el día en el que tuve que entrar en secundaria y separarme de todos mis antiguos amigos ya que en aquel pequeñito pueblo no había una escuela secundaria. Nunca me han gustado las despedidas, es algo desagradable. Cuando sabes que vas a volver a alguien en poco tiempo simplemente le dices ''adiós'' y te despides agitando tu mano, pero en cambio cuando realizas una celebración de despedida sabes que algo te está diciendo que nada va a volver a ser como antes.
Mi nueva escuela estaba en la ciudad y todos los días tenía que hacer un viaje en tren de una hora. El primer día fue una de las peores experiencias de mi vida. No estaba acostumbrado a hacer viajes tan largos. Recuerdo que cuando llegué a la estación me sentía tremendamente perdido. El lugar estaba plagado de gente que iba en todas direcciones. Cada uno era consciente de a dónde se dirigía y no vacilaban, simplemente continuaban avanzando. En cambio yo estaba allí parado, siendo empujado por la multitud, sin tener claro a dónde debía ir. De repente el megáfono comenzó a sonar <Señores pasajeros, le recordamos que el tren con destino a X partirá en breves>. Ese era el tren al que debía subirme y estaba a punto de perderlo. De repente una mano me agarró desde la multitud y comenzó a tirar de mí. Me arrastró hasta dentro del tren y allí pude ver que mi raptor vestía mi mismo uniforme. <Demonios, ¿qué hacías ahí parado?> Desde ese día supe que todas las mañanas iba a estar bien y que nunca más me iba a encontrar perdido. Su sonrisa era confiable, era mi primer amigo en secundaria y ni siquiera habían comenzado las clases. No me equivoqué en absoluto.
Adolescencia era un chico muy entretenido, no existía un solo día aburrido en el viaje o en la escuela ya que estábamos también en la misma clase. Me presentó a sus amigos y estuvimos siendo felices y disfrutando durante los mejores cuatro años de mi vida. Decidimos que ambos iríamos a bachillerato juntos y que iríamos a al mismo instituto. Poco a poco se convirtió en un hermano para mí. En esta época ya comencé a escribir, pero no eran nada más que unas cuantas fantasías infantiles mal redactadas. Todo cambió cuando llegó la hora de graduarnos. Adolescencia reprobó y nos tuvimos que separar. Una vez más tuve que celebrar otra despedida, solo que esta vez sí que fue realmente doloroso. Ambos nos prometimos que que nos volveríamos a reunir... pero nunca ocurrió.
Una vez más tuve que coger el tren y me volví a sentir perdido, pero aquella vez era diferente. Simplemente sería por el frío, era septiembre y quizá todavía no me había acostumbrado a tener que partir una hora antes... todo era tan oscuro y solitario. En ese mismo momento saqué una libreta, un boli y comencé a escribir mientras esperaba que llegase el tren. Decidí escribir un poema porque no había otra forma de gritarle al mundo cuánta oscuridad podían ver mis ojos. Así pasé medio año, entre poemas e historias tristes y algunas otras felices. Siempre repetía la misma rutina, escribir durante la hora del viaje y tirarlo a la basura tras llegar a mi destino. Quizá sea un poco egoísta por mi parte, pero he de decir que se me daba sorprendentemente bien y mejoré a pasos agigantados, pero nunca le di demasiada importancia, tenía otras cosas en las que pensar. Los viajes en el tren cada vez me eran más incómodos, me sentía observado, así que decidí quedarme en casa aquel día. Quizá fue la mejor elección de mi vida.
 ''Nominación'', tras los problemas que tuvo la humanidad años atrás se habían perdido el nombre de las cosas y la única forma de recuperarse de tal duro golpe era esta ciencia. Algún profesor curioso de la universidad de nominación rescató todos y cada uno de los escritos que había tirado, cada día lo hacía y leía en silencio cada palabra que escribió mi corazón. Me mandaron una carta para entrar en la universidad de forma prematura, decían que yo tenía la oportunidad de cambiar el mundo y no debía perder mi tiempo en la escuela. Nada más contesté la carta, Futuro vino a casa a hablar con mi madre, le dijo que había leído cada escrito que había tirado y que probablemente estaban desaprovechando mis habilidades, quizá podría ser un genio. Futuro me sacó de mi hogar y me llevó a la universidad, allí comencé a vivir. Al comienzo todos mis compañeros se sorprendieron porque yo era demasiado joven para estar allí. Las clases me resultaron complicadas, no podía entender lo que me explicaban pero Futuro me dedicaba cada tarde libre y me ayudaba. En el segundo año yo ya me había colado en los puestos más altos de toda la universidad. Tenía talento para nombrar las cosas, para formar palabras nuevas, para devolverle la esencia a todas aquellas cosas que la habían perdido. Pero todo gran poder conlleva una gran responsabilidad y todo esto sumado a las grandes expectativas que Futuro ponía sobre mí, comenzaron a ser una carga irracional que pesaba más de lo soportable. Para desquitarme me uní a un club universitario oculto, se dedicaban a buscar la esencia de todas aquellas cosas que el resto no quería recordar.
Quizá fue una de las peores decisiones de mi vida a ojos del mundo, pero nunca me arrepentiré. Por primera vez pude dar nombre  a la muerte, al remordimiento, al sexo más salvaje, al asesinato... Todo acabó cuando dándole un nombre al incendio quemé un aula de la escuela. Descubrieron que me había unido a un grupo para realizar actividades prohibidas y me encarcelaron. Me sentí tremendamente aliviado cuando por fin mi mundo se detuvo y mis cargas se quedaron en la puerta, esperando mi regreso, aunque de alguna forma yo sabía que no iba a regresar.
Es difícil de describir la satisfacción que se siente cuando estás escribiendo en tu celda solitaria sin tener que preocuparte por el mundo exterior, sin tener que dar nombre a nada, sin tener que cumplir ninguna expectativa, conociendo a gente que se sentía igual que yo... Allí conocí a alguien que daría un giro de trescientos sesenta grados a mi vida. Amor era alguien que escribía, como yo. Ella estaba encarcelada porque era una ladrona pero se sentía aliviada allí dentro. No tenía que robar, no tenía la necesidad de hacerlo. Comenzamos a congeniar rápidamente. Aprovechábamos cada minuto que nos podíamos escapar de las miradas agenas para hablar sobre cualquier banalidad. Sinceramente a mí me pareció perfecta, tanto como la luna, no mucho más que su luz mortecina, pero sí quizá un poco más que las estrellas. ¿Por qué? Porque era como un espejo  porque no necesitábamos apenas palabras para entendernos, porque no tenía que dar explicaciones y porque cuando estaba con ella el resto se desvanecía, mi pasado se volvía una carga ligera que se esfumaba con el viento. Entonces comprendí qué era Amor, era ligera como el viento de otoño, dulce como los frutos de primavera, ardiente como el sol centelleante del estío y distante como el incesante frío de invierno. Ella era ella porque nunca sería mía, nunca sería yo  a pesar de estar tan cerca de serlo. Entonces comprendí el significado de la vida. La felicidad es aquello que sientes cuando intentas alcanzar algo que sabes que nunca puedes tener porque simplemente por el hecho de conseguirlo, se convierte en algo trivial y sin importancia. Por eso Amor era la respuesta a mis preguntas y la mano que mecía mi pluma, porque me abandonaría tan pronto como yo intentara abrazarla. Y así lo hizo, pero como la ladrona que era se llevó mi corazón.
No sé a cuantas operaciones me sometió Vida. De alguna forma conseguí sobrevivir a partir de prótesis, medio cuerpo y mi corazón habían sido sustituidos por piezas robóticas que emulaban a las verdaderas. Salí de la cárcel mucho antes porque Futuro se encargó de ayudarme desde fuera, pero no pude seguir cumpliendo sus expectativas. Volví a la universidad, pero mi habilidad de nominación ya no existía, por culpa de mi yo robot ya no podía continuar nominando, las letras ya no podían salir de mi corazón porque simplemente no tenía.
Lo abandoné todo o todo me abandonó a mí, no lo tengo bien claro. Ni mis padres, ni Adolescencia, ni Futuro, ni Amor, ni Vida; ya no me quedaba nadie.  Como ya no podía cumplir las expectativas de ninguno, simplemente decidí dedicarme a una vida retirada. Necesitaba tiempo que dedicarme a mí mismo. Recuerdo que todos me preguntaban ''¿Qué harás entonces?'' Qué ilusos, se creían que no podía nominar porque había perdido mi corazón, pero simplemente estaba lejos en algún sitio que no podía encontrar.

Al cabo de un tiempo se publicó ''El nombre de las cosas'' y fue un éxito, sobre todo dentro de los nominadores.  Fue una bonita historia bajo un nombre anónimo. Creo que si conseguir algo solo iba a suprimir mi felicidad, simplemente tenía que esperar a que algo llegara a mí. ¿Esperanza? No, yo no necesitaba eso. Yo necesitaba que las palabras llegaran a mí para poder contar una historia que debía ser contada. Y así comenzó a ocurrir.
De esta forma comencé a escribir, yo nunca lo busqué, simplemente un día las palabras llegaron a mí y yo me dediqué a acogerlas. Pobres ilusos los nominadores, que intentan encontrar las palabras. Es como intentar robarle el corazón a alguien que no tiene.

jueves, 16 de abril de 2015

Cuando los ángeles lloran

-…se ha muerto.
-Lo siento.
-¿Por qué? No es tu culpa.
-No es eso. Te acompaño en el sentimiento, si tú estás triste yo también, por algo somos amigos, ¿te duele?
-No exactamente, siento un vacío, me falta algo. Se me hace raro llegar a casa y ver que no está, me molesta no oír esos chistes una y otra vez como si fuera la primera. A pesar de que sabía que el momento llegaría pronto me cuesta aceptarlo.
-No pienses en que ya no está, piensa en esos últimos años que habéis vivido juntos. Tuvisteis momentos alegres y otros tristes, situaciones fáciles y difíciles, pero lo importante es que compartisteis tiempo.
-En parte, también estoy alegre.
-¿¡Alegre!?
-Sí, sus últimos meses fueron difíciles. No se podía levantar de la cama, había días que se le olvidaba quién éramos y se asustaba, le costaba hablar, comer… ya se tenía que ir. Él aceptaba que se iba a morir, había días que preguntaba por qué seguía aquí, aunque él sabía el por qué.
-¿Por qué?
-Por nosotros, su familia, sus hijos y nietos. Él era una luz para nosotros, nos alegraba los días. ¿Sabes que las cosas tristes a veces son bellas? Al ver su cadáver no pude evitar llorar, pero admiré su belleza. Su blanco cuerpo no respiraba, estaba tranquilo e impasible.
-¿Puede un cadáver ser hermoso?
-Sí, tan hermoso como lo era esa tarde.
-Pero si el cielo estaba nublado y llovía; no sé qué es lo que entiendes por belleza.
-Dicen que cuando llueve los ángeles lloran y esa tarde tenían razones para hacerlo.

                                                              Escrito por un amigo anónimo

sábado, 4 de abril de 2015

Cinco centímetros por segundo [próximamente]

Hay veces que tratamos de forzarnos a olvidar. Los humanos pecamos de esa inocencia sempiterna que nos persigue día a día; es como tratar, inútilmente, de deshacerte de tu propia sombra. ¿Pueden sanar las heridas del corazón? Yo creo que todo puede sanar con el paso del tiempo, pero hay algo que va a permanecer irremediablemente, y ese algo son estas cicatrices que marcan que un día no pude dejar de pensar en ti ni tú en mí. 
Apenas consigo recordar tu rostro, ni el primer beso que nos dimos. Tampoco soy capaz de recordar el dolor que ansiaba olvidar frenéticamente. ¿Dónde quedó todo aquello? Quizá en un día frío de invierno donde la nieve no solamente colapsó las vías del tren, si no también mi futuro contigo. 
Intento forzar mi mente para recordar aquellos días y no lo consigo... Quizá si no hubiese revisado los mensajes de mi antiguo móvil esta historia nunca hubiese sido contada pero por suerte o por desgracia lo he hecho. Debería comenzar diciendo que lo primero que he conseguido recordar es que un día me dijiste que los pétalos de la flor del cerezo caen a cinco centímetros por segundo[...]

martes, 31 de marzo de 2015

Capítulo 10: Promesas irrelevantes.

Algo extraño pasaba en aquel pueblo. Todos parecían estar agitados a pesar de lo temprano que era. Aunque había gran revuelto nadie había comenzado a ejercer su oficio, bien lo sabía el herrero que era el que comenzaba a trabajar antes que el resto; eso sí, todos estaban donde debían estar dentro de unas horas. Los más curiosos ni siquiera se molestaron en fingir que iban a trabajar, simplemente cogieron las piezas de frutas más inmaduras de sus hogares y algunas piedras de los caminos para poder lanzárselas al sujeto que iban a ejecutar.
Allí las noticias volaban, de hecho todos vieron el humo inmenso que se alzaba sobre las nubes, sabían que algo se había quemado y que había un culpable, y eso les bastaba para poder despertar la ira que quizá habían tenido retenida durante muchos años por una u otra razón.
Los hombres los que más les gustaba aparentar se acercaron lo más posible al ayuntamiento y discutían con los guardias, aparentemente querían entrar y golpear al culpable por sus delitos, pero tanto los hombres como los soldados sabían que solo era un juego de apariencias, era un obra de teatro donde las mujeres eran las espectadoras. Lo que ellos no sabían era que las damas de aquel pueblo eran varias veces más inteligentes que ellos y les estaban ignorando rotundamente. No es cuestión de géneros, yo simplemente me limito a narrar lo que veo, que cada uno saque sus propias conclusiones.
La puerta finalmente se abrió, todos se sorprendieron al ver un hombre vestido con gabardina y zapatos para nada modestos. Solamente habían tenido la oportunidad de ver aquellos trajes en la figura del alcalde, no estaban acostumbrados; no, mejor dicho, no estaban preparados para enfrentarse a esa situación. Toda la curiosidad de aquellos vecinos se convirtió drásticamente en un silencio súbito. Los guardias acompañaron al hombre, si no hubiese sido porque sus ropas estaban magulladas y manchadas con sangre, hubiese parecido que escoltaban a un señor importante. El camino se convirtió en un desfile donde todos observaban cómo el preso caminaba.
Las piezas no encajaban, todos se dieron cuenta de que faltaba información… Algo no iba como todos esperaban. Nadie tuvo valor a lanzarle ninguno de los proyectiles que minutos atrás ansiaban arrojar.
Los escoltas comenzaron a preparar lo que se iba a convertir en la tumba del castigado. Le ataron a un poste en la plaza del pueblo y comenzaron  a llevar tablones de madera. Iban a reducir su cuerpo a cenizas pero daba la sensación de que era una obra de teatro en vez de una ejecución pública. En estos momentos se suele anunciar el nombre del recluso, sus infracciones y la sentencia pero ante la fuerza soberana que ejercía el silencio y la duda, simplemente se limitaron a agachar la cabeza y amontonar madera su alrededor como si tratase de un ritual previamente preparado.
-¿Por qué están atando a ese caballero, mamá?
Aquella niña rompió el silencio inocentemente. Todas las miradas se dirigieron a su madre. Todos esperaban que alguien tuviese el valor de acusar a aquel hombre pero sus ojos eran más grises que el humo que vieron. Tenía una mirada cansada y distante, parecía triste incluso, era como si estuviera a punto de llorar, pero no lágrimas de culpabilidad, si no lágrimas de desconsuelo y nostalgia. Parecía que el propio mundo no le importaba.
Ante el silencio de la madre su hija se giró y le preguntó a aquel hombre de ojos grises.
-¿Por qué estás atado?
-¿Por qué estoy atado?
-¿Has hecho algo malo? ¿Has quemado una ciudad?
-Cuando las personas que amamos nos son arrebatadas la mejor manera de mantenerlas con vida es no dejar de amarlas. Los edificios se incendian, la gente muere pero el amor verdadero es para siempre -sonrió por haber encontrado aquella frase tan perfecta para esa ocasión.
-¿Entonces has hecho algo malo?
-Todos hacemos cosas malas. Lo importante no es lo que hagas sino por aquello que te recuerdan.
-Yo no creo que seas un hombre malo.

Aquel hombre le lanzó una mirada furtiva a la madre de la niña, ella entendió que debía detener la conversación de su hija.
Al fin la espera acabó y se acercaron dos guardias, uno tenía una antorcha encendido y el otro rociaba un líquido oloroso sobre la maDera. Cuando todo estuvo preparado  el guardia acercó la antorcha y todo comenzó a prender. Solamente se escuchaba el chisporroteo de las llamas consumiendo los tablones de madera. Parecía un día de invierno, silencioso y triste tirando a melancólico incluso; uno de esos que enciendes la chimenea en una habitación grande y oscura, las llamas te dan el calor que necesitas pero por alguna razón inexplicable no es suficiente para hacer que desaparezca la sensación de frío que recorre tu alma. Así se sentían aquellas personas, observaban tristemente como las llamas se acentuaban, era ilógico, pero los sentimientos no entienden de lógica alguna. Los que en un principio llevaron proyectiles y sus peores palabras preparadas se arrepentía de no haber llevado un cubo de agua, les habría sido más útil.
Había algo que les impedía moverse, la fuerza de la mirada de aquel hombre les inmovilizaba totalmente, les hacía sentir que todo estaba bien, que no tenían que preocuparse de nada.
Algunos rostros mostraron una mueca de espanto cuando el poste cayó y empujó el cuerpo contra las llamas. De repente se escuchó un grito desesperado, ‘’que alguien le saque de ahí’’.
Antes de que alguien tuviese tiempo de reaccionar otra persona señaló el cielo y gritó ‘’mirad allí arriba.

Y todos fueron testigos de cómo un hombre atado se había liberado de sus cadenas y ahora flotaba en el aire como una pluma. En el fondo de sus corazones se alegraban, por alguna razón inexplicable todos sabían que aquel hombre era inocente.

Una vez más el mago conseguía sorprender a su público, pero esta vez no había un truco de magia, había algo más que nadie pudo ver.

Fragmento del capítulo 10 de Excentricidades.

miércoles, 25 de marzo de 2015

Hablan de amor los pobres...

Y yo observo impasible como todos hablan de amor.
No hables de amor joven pitusa si todavía no has vivido vida.
No trates de entender el amor cuando ni si quiera él sabe quién es.
Yo dejé de intentarlo hace tiempo, ahora me limito a observar tras la ventana.
¿Quieres poner normas a tu amor? El amor es libre, no es clandestino.
Clandestino es quien ama y no es amado, eso sí que es verdad.
Y qué mas da si no quieren que ames. Por qué debería importar.
Pero tú les sigues escuchando y lloras.
Ven conmigo y siéntate, sí, lo estás deseando.
Tranquila, no voy a morderte, soy inofensivo.
Mira a esos pobres, siguen hablando de amor. ¿No es gracioso?
¿Ves como ries? Si quedaba alegría en ese, tu corazón árido.
Ahora ve, no mires atrás. Ama.
¿Qué deberías decirle? Imagina que hablas y que no oye.
Háblale de amor de la única forma que se puede hacer.
Funde tus labios con los suyos. Acaricia sus manos. Bésale el cuello.
El resto te lo dejo a ti.
¿Tan difícil es el idioma del amor? Qué lastima, nunca lo llegarán a comprender.

lunes, 23 de febrero de 2015

El mar quiere ser liberado

Observo en silencio el mar que calla silencioso y sumiso
porque ralentiza el frenético ritmo y mi ira.
¿Y qué sería de mí si se fuera?
¿Y qué sería de él si yo muero?
Yo escribo y él canta a un compás inerte que el silencio marca.
Así vamos y así iremos como un músico y su guitarra.
Así vamos y así iremos como una princesa y su jícara.

¿Y qué más dará lo que la soledad sentencie?
Si prisión sale de su boca, que me encierre en su pecho.
Si sus pulmones se hinchan con la muerte, que me mate y me bese.
¿Qué mas da lo que acontece? Sigo impasible esperando,
quizá un poco más sensible que antaño. Quizá y solo quizá,
porque un día traté de olvidar y lo hice.

¿Y qué mas da hoy si no es mar, sol y pluma?
¿Por qué ella no me inspira sino lluvia, mar y duna?
¿Y dónde está mi luna? ¿Dónde está la mano que mece la cuna?
¿Y dónde se encuentra la ira cuando esta tormenta mina?
¿Y dónde están las lágrimas?
¿Y dónde están las páginas?
¿Y dónde están las métricas?
¡Dónde estoy yo!
¿¡Por qué no me encuentras!?
¿Por qué esperas mientras mi vida y el tiempo se escapan?

No soy yo, discúlpame... Es el mar y su ritmo ascendente.
Es el oleaje que choca con mi alma y la desordena.
Es el verso que recité ayer y hoy me condena.
Es el agua que arremete contra el puerto y se frena.
Quizá si escucharas su lamento entenderías. Quizá y solo quizá,