martes, 11 de agosto de 2015

Sexo, drogas y alcohol. El nacimiento de un superhéroe.

Era un día soleado, para mi gusto, demasiado. Por suerte o por desgracia ya se acercaba el final del verano.  Aún así eso no suponía una gran noticia para mí, que seguía manteniendo esa gota gorda de sudor que usaba mi frente como tobogán. En fin, había elegido la peor mañana para salir a dar una vuelta, pero lo hecho, hecho está y no había cabida para el arrepentimiento.
Necesitaba una excusa, algo que me mantuviera distraído y allí estaba mi musa, la elegida, la enviada por por dioses... DEBÍA SER ELLA Y NO OTRA. Era mi última esperanza de poder darle a mi mente algún estímulo que consiguiese disuadirla lo suficiente para no pensar en el calor, el pelo pegado al cuello y esa sensación de sed insaciable... Con el pelo recogido con una coleta, mascando un chicle de forma muy poco sutil, con una camisa que probablemente la compró hace 3 años o se había equivocado de talla, ella me saludó a vocerío limpio y agitando los brazos como un pollo sin cabeza. No ha sido un buen símil ya que los pollos no tienen brazos y no los agitarían más si no tuviesen cabeza... En fin, la cuestión es que nuestras miradas ya se habían unido y su atención recaía fielmente en mí. Era el momento.
-¡Hola, cuánto tiempo! .
-Síííí, no te veía desde que acabaron las clases -dijo mientras me abrazaba efusivamente -¿Cómo estás?
-Bueno, sobreviviendo, como de costumbre. ¿Cómo te ha ido el verano?
-Buah, ha sido todo sexo, drogas y alcohol. Me he liado con un montón de pavos este verano, ha sido el mejor verano de mi vida. En mi pueblo no parábamos de beber y fumar porros todo el día [...]

Algo extraño estaba pasando, era algo inusual, algo que solamente ocurre una vez cada tres mil años.  Las estrellas se habían alineado, el calor había fundido mi percepción, todas las células de mi cuerpo estaban agitadas... Se avecinaba algo sin precedentes, algo que iba a cambiar el destino de la humanidad... Cuando me di cuenta estaba sólo, sí, sólo. En la soledad más absoluta y abrumadora. No sabía cuánto tiempo había pasado , qué había ocurrido o cómo había podido ocurrir eso. La cuestión es que ella ya no estaba. Sí, me había convertido en un superhéroe. No sólo había vencido a las temperaturas, si no también a mi propia mente y lo más importante... HABÍA SOBREVIVIDO A ESE DISCURSO. Sí, joder, lo había conseguido. Un superpoder había nacido en mí, el superpoder de ignorar a la gente cuando me van a decir algo estúpido.
Como ya no quedaba nada que hacer  simplemente me fui a casa con una sonrisa. Quién iba a decir que soy un superhéroe...

jueves, 16 de julio de 2015

Un silencio triple

Cómo ya lo había leído en El Nombre del Viento, aquel silencio era triple. Quizá habría sido mejor decir que en realidad trataba de tres silencios convergentes, pero de alguna manera, él estaba seguro de que el silencio no era uno, si no tres. 
Por una parte estaba el silencio que sellaban sus labios con tal ímpetu que daba miedo interrumpirlo; no por esta razón era un silencio tenebroso, más bien era liviano, un silencio pasajero que se había colado por la ventana de alguna casa. Incomodaba un poco y a su vez acompañaba el momento. 
El segundo silencio era un poco inquietante. Era un silencio acompañado por sus miradas, un silencio inesperado y acechante. Por alguna razón él no podía dejar de sentirse intimidado por aquel silencio tan sombrío; pero no te equivoques, era tan perturbador como natural. Era el silencio típico de una noche estrellada, de un mar calmado, de una noche serena como en la que ellos se encontraban.
El tercer silencio nunca llegó a comprender de dónde procedía. Era tan misterioso como un secreto; sí, era un secreto. Era un silencio de corazón, uno de esos que se cuela en tus adentros y hace que te sientas silencioso, insignificante y enamorado. Era un silencio que acompañaba sus ojos, a la nostalgia por recordarla y su pecho; era un silencio del corazón. Ese silencio estaba aquella noche, él no sabía dónde pero su corazón sí que lo sabía, y muy bien además. 
Lo que él nunca llegó a saber es que existía un cuarto silencio. Este fue el que la hacía única. Esta fue la razón del por qué él estaba tan enamorado de ella. Esta fue la razón del por qué él pudo sentir vació su corazón, después de haber estado tanto tiempo sin ella y los tres silencios. Él amaba el silencio de ella y a ella le gustaba hacer mucho ruido; demasiado para el silencio.

viernes, 26 de junio de 2015

¿Cuánto cuesta escribir un poema?

¿Cuánto cuesta escribir un poema?
Se pregunta el preso que cumple condena.
¿Horas, semanas, quizás unos días?
Menuda tontería, perdonad que me ría.

¿Cuánto cuesta encajar cada frase?
Rimar cada verso,
que no se me pase.
Conseguir de esta forma un poema tergiverso
y usar palabras cultas aunque el ritmo colapse.

''Escribir poesía es algo muy fácil''
es un trabajo sencillo, no te mantiene en vilo;
solo lees un autor y copias su estilo
cayendo en la pedantería de un verso poco grácil.

''¿Qué importa la poesía?'' Te estarás preguntando,
 a nadie le importa, es algo del pasado.
Son textos aburridos y pedantes
más pesados que el barrito de cien elefantes.

El preso vuelve a repetir la canción
con esta frase digna de sanción:
Escribir poesía es algo muy fácil,
voy a demostrar que este arte es bien frágil.

Más dejémonos de habladurías
las palabras son propias de la gente fría.
Para argumentar en las pruebas me baso
y este texto es la gota que colmará el vaso.

Y sí, este texto es una poesía.
¿Te has dado cuenta? Quién lo diría..
Carente de sentimiento aunque no debería,
pero desde el principio esto ya se veía.

¿Cuánto cuesta escribir poesía? Pregunto.
Perdona insistir, me interesa el asunto.
¿Crear un verso eterno del que nadie se olvida
y que toda mi ira sea comprendida?

¿Cuánto cuesta escribir un poema?
¿Cuánto cuesta escribir un verso del que nadie se olvida?



sábado, 6 de junio de 2015

Los fantasmas del pasado.

Sí, debía caer. Estoy seguro de que debía hacerlo.
Con miedo, eso sí, con terror por hallar aquello que repudiaba.
Debí estamparme en el fondo, sentir esa oscuridad,
esa sensación de aislamiento... Ese temor a estar en lo más bajo.
Fue un momento lúgubre y estrambótico.
Claro que tuve que derramar lágrimas.
Claro que tuve que sentirme vulnerable.
Pero allí me pude quitar mi máscara porque nadie me veía. 
Y de tanto en tanto miraba hacia arriba con nostalgia,
esperando que ese pequeñito rayo de luz me tendiera su mano.
Nunca llegué a alcanzarlo.
¿Pero sabes qué? Debía caer.
¿Por qué?
Porque allí me encontré a mí mismo. 
Muchos se quedaron en unos peldaños más arriba,
tan arriba que ya ni siquiera pude ver sus rostros.
Pocos se quedaron conmigo. Muy pocos...
Eso sí, algunos me tendieron su mano para ascender,
para liberarme de la oscuridad sempiterna que me inundaba.
Pero no, yo creo que estoy bien aquí. Este es mi lugar. 
Soy consciente de que nadie va a querer bajar aquí.
Nadie va a querer sentir esta humedad incesante,
esas sombras que amenazan con lapidar tu cuerpo,
esas miradas de desprecio que llegan desde la superficie...
Y sinceramente no me gusta estar aquí,
pero tampoco me arrepiento.
Son sentimientos que se contrarian pero...
Me he encontrado.
¿Y sabes qué?
Me encanto.
Aunque ello suponga perderlo todo.
Aunque ello suponga quedarme en estas tinieblas eternamente.
Aunque ello suponga padecer soledad eterna.
Aunque me deslumbren,
Aunque derrame lágrimas.
Aunque todo se aleje y yo me quede aquí estancado.
Me encanto. Y tú podrías encantarme también.
Pero estás ocupado creyendo que soy mi sombra.
Quizá si me preguntaras te diría que yo ya estoy muerto;
con lágrimas en los ojos y el corazón abierto. 
Y mis fantasmas del pasado me atormentan,
pero no voy a sucumbir.
Porque volver a mi pasado supondría perderme a mí mismo.
Y me encanto.




viernes, 5 de junio de 2015

¿Quién soy?

Las relaciones entre personas se forjan a partir de pequeños detalles. Tú, como ser individual, interacciones con los demás mediante un perfil que crean de ti gracias a las impresiones. En un primer momento te van a juzgar físicamente y conforme tu relación con una persona se vuelva más íntima, irán creando un perfil de ti en función de la información que reciben y como la interpretan. Tú, individualmente en realidad no eres nada, de hecho solamente va a constar lo que demuestras y no lo que en ''realidad'' eres. Básicamente crear una relación con una persona es como ir rellenando un currículum, para poder construir un conjunto que valga la pena, tienes que poder completar todos los campos; aunque algunos sea deplorables, se pueden compensar con otros sobresaliente.
Lo que acabo de explicar es algo obvio, quizá parece un poco más complejo por la forma en la que lo he redactado. Ahora voy a hablar de apariencias. La personalidad en cada individuo es diferente, pero no varía en función de la situación. Quizá no estés de acuerdo con esta afirmación, pero para que me puedas entender voy a explicar el concepto de ''apariencia''. Obviamente no tratamos igual a todas las personas, nos comportamos según el momento que vivimos y algunas personas llegan incluso a tener comportamientos dispares en función del círculo social en el que se encuentran. No es que esta persona tenga un desdoblamiento de personalidad, si no que emplea las apariencias a su favor para poder adaptarse a cualquier situación. Sin consultar el diccionario, me atrevo a decir que las apariencias son las diferentes perspectivas u opiniones que una tercera persona puede tener de nosotros en función de la información que transmitimos, ya sea oral, imágenes (forma de vestir) o de cualquier forma. Las apariencias son los diferentes ''perfiles'' que nosotros creamos de nosotros mismos para poder encajar en diferentes colectivos. No todo el mundo tiene diferentes apariencias, depende de la persona en cuestión. También hay algunas que tienen diversos perfiles pero todos acordes con su personalidad, obviamente esto es muy subjetivo porque no puedes conocer plenamente la personalidad de alguien, es una estimación.

Ahora vamos a hablar de la propia existencia. Si te preguntan ''¿Quién eres y cómo eres?'' ¿Qué responderías? Tu respuesta probablemente se fundamentaría en tu personalidad, creada a partir de tu genética y las relaciones que tienes con otras personas. Tú dependes del resto para poder dar una perspectiva subjetiva de ti mismo. De hecho, si estuvieras solo en el mundo no podrías contestar cómo eres. Dicho esto, quiero decir que las relaciones entre las personas y la personalidad de las personas están estrictamente conectadas y ambas dependen de esta conexión y se van complementando juntas. Aquí es donde las apariencias entran en juego y vienen a plantear un problema existencial. Si tengo diferentes perfiles para cada situación, ¿quién soy? ¿Existe un yo real? ¿Soy todos o ninguno? Como he citado anteriormente, las opiniones que el resto tienen de ti te definen como persona, si estas opiniones llegan a ser incluso opuestas, es que estás haciendo algo mal.

Si has llegado hasta aquí me gustaría proponerte algo. Intenta definirte a ti mismo, con tus defectos, virtudes, tu personalidad... Acto seguido pregunta a personas de tu entorno, familiares, conocidos, amigos. Si las respuestas coinciden es que eres una persona madura con una personalidad definida. Si por contra no coinciden o directamente no puedes definirte, es que tu adolescencia nunca concluyó o que has creado tantas apariencias de ti mismo que te has perdido como persona. Si es tu caso guarda un minuto de silencio por ti mismo porque te va a ser imposible recuperar tu persona.

Espero que te haya gustado esta entrada. Si quieres leer más publicaciones puedes agregarme en facebook, la principal página donde informo sobre mis nuevos proyectos.

Mi historia de amor

Os voy a contar una historia de amor de esas que consiguen encantar a todo el mundo. Estas historias de amor que te gusta escuchar en esos momentos íntimos en los que quieres sentirte un poquito solo. Es una de esas que nadie sabe si ocurrió de verdad, son secretos que a veces cuentas sin saber por qué. Será nuestro secreto, te agradecería que no se lo digas a nadie más, que quede entre tú, yo y esta melodía triste que suena de fondo. ¿Cómo? ¿Que no suena ninguna? ¿A qué estás esperando? Va, te doy cinco segundos para que elijas la que más te guste.
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¿Ya? Bueno, vamos allá. Si te aburro dímelo, pero sinceramente me sentiría un poco decepcionado... Ya sabes, son las típicas historias que comienzas diciendo ''me la contó, un amigo de un amigo...''; supongo que ya sabes por dónde voy. Venga, que siempre me enrollo demasiado, aunque es tu culpa por saberme escuchar tan bien... Qué haría yo sin ti. ¿Y tú sin mí? ¿Qué harías tú sin mi? Me estoy sintiendo triste por alguna razón, es como si todo hubiese pasado hace tanto tiempo... Demonios, fueron tantas cosas. Intentar recordarlas todas con mi mente es totalmente imposible, nunca tuve tan buena memoria como tú, siempre te gustaba recordármelo eh. Voy a hacer un pequeño esfuerzo, por ti. Recuerdo que aquel día había sido bastante aburrido, nada fuera de lo normal. Como de costumbre yo tomaba el metro, siempre abarrotado a esa hora; es curioso que tantas personas acabemos de trabajar a la misma hora, parece que todos los jefes se ponen de acuerdo para hacer colapsar la línea de metro.  Pero ese día iba a ser especial, debía serlo. Recuerdo que mientras bajaba por las escaleras para llegar al andén a una chica se le calló la cartera y yo la cogí y se la devolví. Cuando se la tendí ella titubeó por un instante, cuando nuestras miradas se juntaron ella se sonrojó y me desconcertó por unos momentos. Su rubor se convirtió rápidamente en una sonrisa que me llegó al corazón, cuando nuestras manos se juntaron pude notar su suave piel. Fue todo muy rápido e intenso. Recuerdo que su voz era angelical, llegaba a mis oídos como una bella melodía. Nos detuvimos en mitad de la escalera a hablar de cualquier tontería, a presentarnos... Poco tardaron en llamarnos la atención por estar interrumpiendo el paso. Los dos reímos porque no éramos conscientes de que nuestro tiempo se había detenido. Comenzamos a bajar las escaleras, llegamos al andén. Por más que me esfuerce no recuerdo su nombre, sí que podría decir que me encantaba, era muy acertado para su rostro tan vivaz. Ella deslizó su tarjeta por el sensor y las puertas se abrieron, acto seguido se giró esperando mi llegada, ansiosa por poder continuar nuestra conversación. Yo estaba igual de ansioso, no voy a mentir. Al comienzo palpaba torpemente en mis bolsillos para encontrar mi cartera, pero por alguna razón no aparecía. Mis movimientos se volvieron frnéticos, casi desesperados. El anuncio del tren ya había sonado hace cinco minutos, estaba a punto de marcharse. Comencé a registrar mi bandolera, pero por alguna razón no lo podía encontrar. Alcé la mirada, ella estaba tan nerviosa como yo. En un acto desesperado intenté saltar la puerta de seguridad, pero cuando ya casi podía poner un pie en el suelo noté como alguien me agarraba por las espaldas. Maldita sea, fue un guardia. Juro que era la primera vez que hacía algo así, pero al otro lado estaba posiblemente el amor de mi vida. En ese momento pensé en golpear al guardia para zafarme de él y marcharme con ella en el tren, quizá muy lejos. Pero entonces ella alargó su mano hasta conectar con la mía y depositó un papel con su número de teléfono. Su sonrisa era muy divertida, le parecía muy cómica esa situación, consiguió relajarme y hacer que me riera de mí mismo. En fin, acepté mi destino, dejé de forcejear, me disculpé con el guardia pero aún así me hizo acompañarle a las oficinas. Parecía muy disgustado, no paraba de refunfuñar que hoy la gente le estaba dadno mucho trabajo, que no era el primero que intentaba saltarse la ley. Llegamos a un cuartito pequeño y oscuro, allí había una chica sentada en una silla de espaldas a nosotros, observaba más allá de la ventana, parecía ausente. El guardia comenzó a pedirme los datos, cuando le dije mi nombre la chica se sobresaltó.
-¿Eres tú? Sí, antes he encontrado una cartera tirada en el suelo, me preguntaba de quién podría ser... ¡Vaya casualidad!
Su repentino cambio de actitud nos sorprendió a los dos. Nos dejó atónitos. Era muy bonita aquella chica. Parecía un poco más joven que yo, no mucho más. Su sonrisa fue lo que más nos llamó la atención, parecía que de un momento a otro iba a saltar de la silla y comenzaría a dar saltos por toda la habitación... Rebosaba vitalidad, tanto que daba miedo. Le conté la situación al guardia, pero parecía demasiado molesto, dijo que no nos iríamos, que a pesar de todo debíamos pagar la multa. No le voy a culpar, infringí la ley y podía suponer que ella también. Fui a sentarme, pero justo antes de poder hacerlo aquella chica me cogió del brazo y tiró de mí. Metió la mano en su bolso y sacó un montón de billetes, no sé cuanto dinero habría ahí, pero puedo decir que más de lo que yo podría ganar trabajando arduamente medio mes. Dejó los billetes en la mano del guardia y tirando de mí comenzó a correr. Estaba demasiado sorprendido para poder decir una palabra, pero al ver la cara de idiota que se le quedó al pobre hombre no pude parar de reírme. Curioso es que su reacción fue la misma, éramos dos idiotas riéndonos de nosotros mismos.
No es por alardear, pero yo sabía que ese día iba a ser especial. No te creas, mi vida no suele ser así, en las historias siempre parece que los personajes tienen aventuras intrépidas todos los días, pero no es así, solamente que contamos las historias más divertidas, aquellas excentricidades dentro del día a día. Recuerdo que corrimos muchísimo, nos paramos en mitad de la calle, ambos jadeando. De repente alzó la vista y vio una tienda de helados. No paraba de gritar que quería uno, como si fuese una niña pequeña. Al llegar la dependienta se sorprendió de ver lo agitados que estábamos. ''Dame tantos como podamos cargar''. Todo parecía muy surrealista, pero así sucedió. Por el camino tuvimos que comenzar a repartir helados a los caminantes porque no podíamos comer tantos. Al comienzo nos miraban un poco extrañados, nos preguntaron si era algún tipo de show para la televisión. Recuerdo que esa idea te gustó, comenzaste a hacer preguntas a todo aquel que pasaba, si acertaba le dabas el helado como premio y si no también, alegando que era un premio de consolación. No tuve tiempo para saber de ella, ni siquiera su nombre, simplemente íbamos de un lado a otro, sin un por qué, sin una finalidad.  Sí que hubo un momento especial que se me quedó grabado en la mente, todavía conservo el traje. Entramos en una tienda carísima, te probaste mil trajes y me hiciste darte mi opinión sobre todos y cada uno. Cuando al fin encontrarse ese vestido blanco no te hizo falta hacerme preguntas, lo viste en mi sonrisa. Luego me hiciste pasar por lo mismo. Cuando ambos íbamos vestidos como príncipes dejamos toda nuestra ropa en los probadores. Salimos sin cambiarnos, pagaste la ropa y nos fuimos. Recuerdo que la mujer que nos atendió se quedó sorprendida al ver que salíamos con ropa diferente, me pregunto la cara que pondrían al encontrar la nuestra en los probadores... La noche ya estaba bien entrada, comenzaba a refrescar. Pocas personas caminaban ya, todo se sentía un poco más íntimo, pero tú todavía no estabas satisfecha. Me arrastraste hasta uno de los casinos más caros de la ciudad y allí comenzamos a apostar a todo lo que se te antojaba. Recuerdo que le pediste al camarero lo mejor que tuviera. No sé qué clase del alcohol era, pero sin duda era como beber agua directamente de una nube, era un sabor tan puro... Tu cara me sorprendió, a pesar de lo ligero que era tu semblante mostraba que no estabas acostumbrada a eso, probablemente fue tu primera vez, aunque nunca te dignarías a reconocerlo. Acto seguido comenzamos a pasear por el lugar hasta que cambiaron a esa canción que tanto te gustaba, tus ojos lo dijeron todo, se abrieron como platos. Te quitaste los zapatos, te subiste a una mesa y comenzaste a bailar como nunca antes lo había visto. Me animé, todo estaba siendo tan absurdo que dejé de preguntarme por qué estaba ocurriendo todo eso, era una noche mágica. La gente comenzó a reunirse a nuestro alrededor, todos nos miraban entusiasmados, con ojos lujuriosos. Podía notar la envidia en sus miradas, querían seguirnos el juego, imitarnos, pero su orgullo les impedía hacerlo. Comenzaron a aplaudirnos y de repente algún valiente nos imitó. Creaste un verdadero caos, y otra vez como un zorrillo astuto escapaste de la escena del crimen, arrastrándome.
¡Qué locura! Los dos estábamos exhaustos, pero tú no te detenías. Llamaste a un taxi y le dijiste que nos llevara al lugar más hermoso que conociese. Sin duda le debo mucho a ese taxista, nos llevó a un parque precioso, con fuentes de que expulsaban un agua cristalina de diferentes colores gracias a los efectos de la luz. Era un lugar pequeño, apartado. El taxi nos dejó allí. Continuábamos hablando de banalidades, de pequeñeces, de lo grandioso que era el momento. Ninguno de los dos nos hicimos ninguna pregunta. Recuerdo cuando sin decir una palabra te levantaste del banco y te metiste en la fuente, sin advertir, sin arrastrarme. Allí dentro pude ver por un momento como tu sonrisa se desvanecía, pude distinguir tus lágrimas entre el agua. No sé como lo hice, ahora lo pienso y es totalmente imposible, quizá fue mi imaginación. Pero esta vez no tuviste que arrastrarme, aquella vez fui yo el que quiso entrar contigo. Sin titubear. Sin miramientos. Sin temor. Con la valentía que me ofrecía tu rostro triste, por un instante en el que la curva de tu sonrisa se doblegó, por un instante en el que mi corazón se encogió y me hizo sentirme hueco. El agua caló por mi ropa rápidamente, mi pelo comenzó a cubrir mi frente, se me pegaba a la cara. Por primera vez me pude dar cuenta de tu cabello, de tu cuerpo, por primera vez pude ver algo que no fuese tu sonrisa, porque ella ya no estaba. Tu precioso vestido comenzó a pegarse a tu cuerpo, se convirtió en una fina capa que apenas se distinguía de tu piel. Qué hermosa eras. No pude evitar besarte, abrazarte, juntar nuestros cuerpos. Quería darte mi calor, devolverte la sonrisa con la que me habías hecho tu rehén. Tus labios eran tan suaves. No sé cuanto tiempo pasamos abrazados. No sé en qué momento comenzamos a caminar cogidos de la mano. No sé en qué momento nos tumbamos sobre el césped. Sí que sé que te acercaste a mi oído y me susurraste que querías entregarte, que era tu primera vez. No voy a mentir ahora. En ese momento dudé, no te conocía lo suficiente, no me creía merecedor de hacerte eso, tampoco quería hacerte daño. Pero no voy a ser hipócrita, me moría por hacerlo, y escuchar ese susurro solo hizo llenar mi corazón de ternura, de necesidad por cuidarte, por tenerte entre mis brazos. Recuerdo que al comienzo gemías sordamente, probablemente te dolía, aunque nunca te quejaste. Supongo que esto me lo guardaré para la intimidad, pero nunca voy a poder olvidarlo.
Allí estábamos tumbados sobre el suelo los dos. Dentro de nuestra burbuja de aire la cual nos hacía intocables. Mi vista solamente me permitía ver el cielo que de alguna manera parecía estar al alcance de mi mano. A pesar de estar tirados en mitad de un parque parecía que estábamos  en un campo desierto donde solo nos podíamos escuchar a nosotros. No voy a mentir, yo solamente quería escucharla y aunque hubiese pasado un avión rozándome la nariz no me habría dado cuenta.  Aunque pienses que estoy exagerando no lo estoy haciendo, su voz era tan dulce… es como esas cajas de música que te hacen sentir algo al momento en el que las escuchas, no sabes por qué pero te limitas a darle cuerda y cuerda y cuerda hasta que te das cuenta de que has estado más de media hora escuchando la misma melodía. Pero no te arrepientes, es más, te gustaría escucharla toda la eternidad. Pues así era su voz, dulce y encantadora. Así cualquiera estaría escuchándola durante horas, daría lo que fuera por poder escuchar su voz cada segundo de mi vida.
Así estábamos charlando en la noche los dos; como si el tiempo no importase, que en realidad no lo hacía. Oyendo cada palabra que sus finos labios liberaban, pero se me hacía imposible esucharla, estaba embelesado con las luces, con su sonrisa, con lo cálida que resultaba aquella situación. Quizá sea injusto pero no voy a mentir. 
Allí estaba yo dejando pasar el tiempo. Observando como movía sus manos, como su pecho se elevaba al respirar. Por alguna razón no me excitaba, podría haber estado totalmente desnuda a mi lado y habría seguido sintiendo esa sensación de tranquilidad, esa soledad compartida, esa sensación que mitiga mi ansiedad y mis pensamientos. Poco a poco mis ojos iban cerrándose, apenas podía ver una pequeña franja de  luz tras mis párpados, el sonido de sus cuerdas vocales se convertía en un siseo que casi no era capaz de distinguir. Amo ese momento que tan pocas veces he experimentado, esa pequeña fracción de segundo en la que notas que estás dormido, ese pequeño momento en el que sabes que tus pensamientos se detienen mágicamente. Pues en esa pequeña fracción de tiempo noté sus cálidos labios junto a los míos. Mis párpados se negaron a abrirse. Fue una sensación tan fugaz que soy incapaz de describirla. Solo puedo contaros que mi respiración se agitó, comencé a inspirar y expirar tan frenéticamente que todavía soy capaz de recordar el sonido de mi respiración invadiendo la oscuridad. Mi corazón comenzó a latir tan rápido que pensé que estaría  a punto de explotar. Notaba la suavidad de sus labios contra los míos y de repente dejé de sentirme así cuando  se separaron. Volví instantáneamente a esa paz absoluta, ahora con una sensación de bienestar infinita. Solo me quedó una pregunta que nunca fui capaz de formular. ¿Nos volveríamos a ver?

-Es un secreto –escuché tímidamente antes de caer en un sueño profundo.

Supongo que aquí acaba la historia de amor. La mejor idea sería dejarla aquí, mostrar como la vida y los sueños se pueden mezclar en un momento tan espontáneo... Pero no quiero dejarlo aquí, quiero que sepas un poco más, ya que me has escuchado hasta aquí al menos debo contarte lo que sucedió después.
Al día siguiente desperté en el parque, por la mañana. No había demasiadas personas, pero sí algunas. Ya no estabas a mi lado, de hecho ya no estabas. Solo estaba tu bolso. Había un montón de dinero. Me vi con la necesidad de tener que devolvértelo, bueno, realmente solamente quería una excusa para comenzar a buscarte. Ahora debo disculparme, he de confesar que usé parte del dinero para pagar un taxi, no sabía ni siquiera dónde me encontraba. Pasaron casi tres semanas. Estuve buscando en las redes sociales, preguntando a amigos, pregunté en el casino... Nadie sabía nada de ti. Por un momento perdí la esperanza estuve dos años buscándote, pero entonces me acordé del guardia que nos retuvo, él probablemente sabría algo de ti. Con ese ápice de ilusión fui a la estación del metro donde nos conocimos y al final descubrí donde trabajaba. Tuve que esperar tres horas hasta que llegase su turno. Me sorprendió que él quiso saber tanto de ti como yo, ambos estábamos embelesados por tu comportamiento. Él amablemente me dio muchos datos de ti, de hecho me dijo que si te encontraba que fuéramos los tres a tomar un café. Le di las gracias y a partir de aquí comencé a buscar. Esta parte voy a omitirla, es muy poco entretenida.
Bueno, aquí es donde nos volvemos a encontrar. Tú y yo, cara a cara. Si te soy sincero no me arrepiento de nada y volvería a repetir aquel día tantas veces como mi vida me lo permitiese. De hecho la mía lo habría hecho durante bastante tiempo, pero la tuya... No sabes lo miserable que me siento, quizá si te hubiese buscado con mayor esfuerzo. Mira, me estás haciendo llorar. No es buena idea, yo quería inmortalizar tu sonrisa, no quiero que me veas triste. Bueno, quiero que sepas que ahora que te he encontrado no te voy a dejar ir nunca más. Este un para siempre de los de verdad, de esos que duran toda la vida, de esos que se juran en un altar. Miento, este para siempre no se puede separar con la muerte. El doctor dice que no vas a despertar nunca más, pero yo no creo que vaya a ser así. Ya han pasado casi siete años de aquel día. Tómate tu tiempo, no tengas prisa. Espero que cuando me despiertes todavía me recuerdes, te volveré a contar esta historia que le ocurrió a un amigo de un amigo. Tu familia al comienzo me miraba extraño cuando coincidíamos en el hospital, pero por suerte o por desgracia dejaron de venir. Por eso aquel día estabas tan viva, te lo jugabas a un todo o nada. Me alegro de haber sido tu último acompañante.
¿Sabes? Los recuerdos son inmortales, y los recuerdos son fruto de los sentimientos. Creo que aunque nunca despiertes aquel día ya está sellado. Como tú. Como el tiempo. Como mi historia de amor. 

jueves, 4 de junio de 2015

Yuki-onna

El mundo es mío. Quizá me encuentro un poco más distante que hace unos años, cuando todavía era yo mismo, cuando todavía era. Pero eso no quita que no haya conocido el placer, que ya haya poseído todo aquello a lo que aspiráis. No podréis gozar de su virginidad porque antes la mancillé yo. Aunque no es bueno alardear del pasado, son hechos que acabaron y que de alguna forma devinieron en lo que hoy vengo a ser yo. Tampoco le puedo tildar de culpable, simplemente era un camino por el que tenía que pasar para llegar hoy a esta bonita noche, esta dulce velada en la que me puedo relajar, mirar las estrellas y afirmar que el mundo es mío. No acepto crítica, ni represalias, ni reprimendas; hoy no, no voy a argumentar más, ya tuve que dar explicaciones hace mucho tiempo. Hoy simplemente me apetece pasear por la noche mientras suena Für Elise en una cajita antigua de música. Quiero sentarme en algún sitio desvistiéndome al completo, poco a poco, con sutileza y elegancia. Primero me despojo del tiempo, lentamente me deshago de los prejuicios, pasando por mis obligaciones y acabando por mis sueños. Desvestido completamente a ojos de las estrellas, con una piel oscura de aspecto blanquecino gracias a la sonrisa mortecina de la luna. Mi cuerpo es tan imperfecto que casi me hace reír, burlarme de mí mismo, pero qué más da, nadie va a juzgarme porque nadie tuvo la osadía de acompañarme. Esta soledad es tan bella como dolorosa, pero no es un dolor atroz, si no sutil y elegante, como mi forma de desvestirme, es un dolor con un gran currículum, una experiencia que casi se podría glorificar, es un dolor sempiterno... Este dolor está a otro nivel, yace en una zona casi inimaginable, está fuertemente arraigado a mis propias raíces. Quizá sea un maniático sexual, pero me complace sentirme de esta forma, totalmente desnudo y vulnerable, con un dolor que actúa como fusta y latiga cada centímetro de mi cuerpo. Si sonara un piano ahora mismo podría llorar, pero no va a ocurrir y este me hace sentir todavía más triste, incapaz de liberar mis lágrimas.
Creo que estoy embriagado. No puedo detener mi vista en un punto en concreto, mis ojos no pueden parar, están inquietos debido a la búsqueda de la belleza absoluta. Solamente hay dos cosas más bellas que la noche; una es la muerte y la otra es el amor. Me gustaría morir de amor bajo este cielo azabache. Escribir un poema triste, leerlo en voz alta a un gran público y apuñalarme en el abdomen como hizo Julieta para deshacerme de las banalidades que me ofrece esta vida, o envenenarme besando esos labios tan afilados con los que dejó de sonreír hace mucho tiempo. ¿Los labios de quién? Pues de esa dama desnuda que me observa detenidamente con mirada traviesa. Dueña de esa piel perfecta cuya sonrisa hace blanquecer a la luna. Esa curvatura perfecta que describen sus senos, esa pose tan sensual con la que tapa su sexo con sus piernas tan esbeltas. Ese cabello que cae agotado sobre sus hombros... Esa es la mirada, esa es la cicuta de Romeo, la daga de Julieta, el juicio final de un hombre que se perdió hace tiempo. Esto me recuerda a ''La dama y el suicida'', aquella obra de teatro que nunca llegué a acabar, como todo. Tras dejarme embelesado con su flagrante sonrisa, se da media vuelta y comienza a andar, con gracia divina. Mi cuerpo comienza a moverse solo, doy el primer paso vacilando, con la duda en cada movimiento que describen mis piernas, una sensación de pánico que se va desvaneciendo. Cada vez más rápido, sin titubear, con la esperanza de alcanzar esa dama nocturna que deambula exhibiéndose a sí misma. Siento frío, conforme más cerca estoy de ella noto como mis músculos se entumecen llegando a tal extremo que resulta doloroso seguir avanzando. Mi respiración cada vez es más lenta y puedo sentir como mi corazón se apaga gradualmente. No la puedo alcanzar, mis pasos cada vez son más lentos. Intermitentemente mis rodillas se doblan y tropiezo con mi propio cuerpo. Pese a esto no puedo dejar de seguirla. Quizá sea efecto del cansancio, pero las calles de la ciudad se han convertido en una nívea cumbre recubierta de escarcha.  Caigo al suelo, no puedo seguir. La nieve se amontona sobre mí, siento como se deshace al mezclarse con el calor de mi cuerpo y me quema. Estoy jadeando como nunca antes lo había hecho. Alzo la vista antes de sucumbir. Mi fugitiva me observa con una mirada curiosa, casi divertida, aunque con un ápice de melancolía. Pobre mujer de las nieves, condenada a vagar como un alma errante, por la eternidad de los días. Deshaciéndose de aquellos que como yo, la han seguido buscando la belleza del amor y la muerte. Un final muy acertado para alguien que un día fue poseedor del mundo. Por fin las lágrimas resbalan por mi rostro... creo que al fin puedo escribir los versos más tristes esta noche.